Posts Tagged ‘Tony’

El sujeto situado en el asiento trasero del lujoso vehículo sonrió, y a pesar de estar en las sombras pude ver su horrible sonrisa, esa sonrisa que me inspiraba miedo e histeria.

-Hola, compadres-Dijo mientras salía de la limusina.

-¡¿Qué coño estás haciendo aquí?!-Grité.-¡Estás muerto, joder!¡Estabas jodidamente muerto cuando te disparé en la nuca, seguías muerto cuando incineré tu cadáver y aún cuando tu cuerpo carbonizado e inmóvil estaba a mis pies, seguías muerto!¡¿Cómo cojones sigues vivo?!

-Mierda…esto no es nada bueno…-Murmuró Tony.

-Tranquilo, Franklin. Todo tiene su explicación. Puede que más adelante te lo pueda comentar…o quizás puedas experimentar por tí mismo qué se siente al arrancarle a la muerte la vida de sus manos, ¡Quién sabe!

-Deja ya tu asquerosa retórica. No me interesa saber por qué sigues vivo ni por qué no te has quedado en tu tumba donde te dejamos bien seco. Dime qué quieres-Soltó Tony.

Soltó una carcajada cargada de desdén.

-¿Acaso no es obvio, querido amigo?-Dijo mientras jugaba con el puro.-El Ácido, eso quiero.

¿Para que querría Anaximandro el Bioáxel? Tenía entendido que era tan sólo un proyecto armamentístico valorado en millones…¿Para qué lo querría alguien como él? No lo sé, pero Tony continuaba ensimismado y con la mirada paralizada, fija en Anaximandro.

-¿Que has estado haciendo con el Ácido, Anax?¿En que experimentos te has metido esta vez?

¿De qué estaba hablando? Por lo que yo sabía, Anaximandro era tan sólo uno de los más importantes traficantes de Flash de la ciudad…¿En qué había estado trabajando después de que yo hubiese realizado el encargo?

-Oh, pequeñas pruebas…investigación, ya sabes. Intentaba crear una droga nueva a partir del Ácido y…bueno, digamos que descubrí algo mucho más interesante.

-¿Cómo de interesante?-Preguntó Tony.

-Ya lo descubriréis, amigos. Ahora he de irme. Me esperan y no puedo demorarme más. Disculpad las molestias que mi estúpido perro os ha causado.-Y sin mediar más palabra, se alejó a paso lento y estable, con toda tranquilidad.

No sé porque pero ni Tony ni yo lo detuvimos, no corrimos tras de él ni lo derribamos. Pero el caso era…¿a qué nos enfrentábamos?

-¿Su perro? ¿Se refiere a Demócrito? Creía que el era el “capo” de la ciudad.-Comenté mientras buscábamos un sitio donde comer.

-No…realmente no era así. Por lo visto Anaximandro investigaba y Demócrito le cubría las espaldas. Debía ser un proyecto muy importante. De verás me pregunto qué ha estado haciendo.

-Tío. Te juro que estaba muerto. Estaba carbonizado, para ser más exactos. Es imposible-hice hincapié en ese término- que hubiese sobrevivido.

-Lo sé Frank. No digo que no lo mataras. Lo que quizás haya conseguido sea…-Dejó la suposición en el aire.-Mira, ¿Qué te parece aquel pub? Sirven comida decente.

Coincidí en la elección y cenamos un poco de carne triturada, tan insípida como de costumbre, mientras pensábamos en la siguiente jugada. A pesar de que seguía dándole vueltas al tema de la resurrección inexplicable de nuestro nuevo amigo, había que solucionar antes otras dudas.

-Anaximandro…me sigo preguntando para qué querrá el Bioáxel.-Comenté.

-Para seguir experimentando-Dijo Tony mientras se metía una gran cantidad de carne en la boca-Supongo, vamos. Dijo que había descubierto algo muy interesante. Y estoy seguro de que no es la cura contra el SIDA.

-Sí, eso desde luego…no trama nada bueno-Divisé un ojo de apariencia humana en mi comida-¡Joder, esta bazofia de comida cada día es más repugnante!-Escupí el contenido de mi boca.

-Y que lo digas. Bueno-Dijo mientras se levantaba-No debemos dejar que el ácido caiga en sus manos. Si se hiciera con él, dios sabe lo que sucedería.

-Anaximandro debe manejar a una buena tropa de capullos…

-Si Demócrito sólo era uno de sus “perros” de caza…tenemos serias razones para preocuparnos. Deberíamos salir cuanto antes.-Dijo mientras pagaba.

-Supongo…-Suspiré-Quién me mandaría meterme en esto…

-Tranqui tío.-Dijo mientras me daba una palmaditas en la espalda.-Que esto sólo es el principio.

Y así, con el estómago lleno y pocas esperanzas de conseguir huír nos dirigimos hacia La Puerta de Mercurio.

Así como salí a la calle pude ver a mi derecha una limusina negra escoltada por dos Hummer. Había ocurrido más rápido de lo que yo esperaba…mierda, no tenía ninguna escapatoria.

Entonces, quise mirar a Tony para indicarle nuestra derrota y descubrí para mi sorpresa, mas no mi asombro, que huía a paso acelerado. ¿Qué coño hacía? Ellos iban armados y tenían vehículos, nos alcanzarían de todos modos.

-¡Joder Frank, apura o esos mamones te cogerán por las pelotas!

Y no sé por qué, quizás por que no tenía un plan mejor, pero emprendí la carrera detrás de mi compañero.

-¡Tío, tío,tío!¿Es que no las piensas? ¡Estamos jodidos Tony!

-Tranqui-Dijo con asombrosa seriedad Tony-A diferencia de ti, yo sí tengo un plan.

-¿Tú?¿Un plan?

No sabía a qué se refería pero sólo podía hacer una cosa. Confiar en que funcionara.

La persecución duró por callejones y agujeros sobre un cuarto de hora, hasta que Tony debió tomar el camino equivocado y fuimos a parar a un callejón bloqueado por escombros.

-¡Tony! ¡Esto está bloqueado!

No obtuve respuesta. Estaba completamente quieto, con la mirada fija en la entrada del callejón. De repente me miró y pude ver en su grasienta cara de toxicómano una sonrisa. No era una sonrisa cualquiera. Era su sonrisa. Y al verla, supe que aquello que lo que quiera que hubiera ideado iba a funcionar.

-¿Qué tienes un mente, Tony?-Pregunté, curioso.

-Ahora lo verás.

Acto seguido apareció la limusina y los dos Hummer, que venían de frente y ambos lados, respectivamente. Los Hummer giraron, quedando enfrentados a nosotros. Pararon a unos 10 metros y de la limusina bajó Demócrito. Aplaudía.

-Bravo, chavales. Os habéis metido en una ratonera, y ya no os queda escapatoria. Entrégame el Ácido, Frank, y todos saldremos contentos.Ya sab, yo tengo lo que quiero…tú vives…y todos felices.

-Ni de coña-Respondí.-Vas a tener que matarme si quieres cogerlo.

No había acabado la frase y ya tenía nueve cañones de fusiles Gamma apuntándome.

-Como quieras, idiota. No pensé que tendría que llegar a esto.

En ese momento, Tony arrojó 5 pequeños botes de cristal hacia Demócrito.

Como era de esperar, los hombres dispararon a los botes para proteger a su líder, ¿Qué pretendía Tony?

Entonces vi que seguía con la vista fija en el suelo de la entrada. Y mientras ellos disparaban pude verlo. Joder, como se lo había montado.

Al disparar a los botes se dispersó su contenido: agua, que cayó sobre Demócrito y sus secuaces.

-Me has mojado. Te has atrevido a ensuciar mi traje, ¡el traje del Gran Demócrito!

-Yo que tu miraría a tus pies, imbécil.

Y en el momento en el que Demócrito miró, pudo ver como una de las gotas de agua caía sobre el suelo. ¿Espera, aquello no era…?

-¡MALDITO BASTARDO!

Hubo una tremenda explosión que voló a todo el personal que teníamos delante, nos derribó y dejó un cráter de dimensiones descomunales. Cuando el humo se disipó y me levanté pude ver la engominada cabeza de Demócrito rodando cráter abajo, perdiéndose en la ponzoñosa agua de las cloacas. De la limusina quedaba tan sólo la parte de atrás.

-¡Yeeeeeeeeeeeeeeeehaa!-Gritó Tony, eufórico.

-Joder hermano-Tosí violentamente- Vaya fuegos artificiales. Eso…¿era Flexiglass verdad?

-Efectivamente.-Tony parecía escudriñar el interior de la media limusina superviviente.

-¡Jo-der! ¿Y de dónde cojones lo has sacado? Creía que su producción se detuvo porque era demasiado inestable a la humedad y había demasiados accidentes…-Pregunté

-Ya sabes que tu amigo no es alguien corriente, ¿Eh? Qué más da eso. El caso es que ahora estamos a salvo por el momento.-Contestó Tony, serio.

-¿Por qué dices eso? Había al menos 20 ladrillos camuflados. Volamos a todo el equipo.-Dije, casi asustado.

-Fíjate en la limusina. Desde aquí puedes verle.-La voz de Tony estaba impregnada en dureza.

Miré a la limusina y lo vi. Allí sentado, en las sombras, con su típico puro en la boca.

-¡¿Anaximandro?!

En aquel momento decidí volver a mi apartamento. Tan limpio y abarrotado como siempre. Y tan acogedor.

Sin embargo se distinguía un olor a muerto dentro de la mezcla de aroma a basura y Oxidross evaporado que flotaba en el aire. Quizás fuese una rata que se hubiese ahogado en una cañería o quizás Tony había traído un nuevo “cliente”; en cualquier caso, lo mejor era no preocuparse por ello y dejar que el tiempo se encargase.

No conseguía centrarme para elaborar un plan…¿de cuánto tiempo disponía hasta que Demócrito se diese cuenta?¿Dos, tres horas tal vez? Tenía que idear algo rápido para salir de aquel agujero.

Y es que a pesar de ser una ciudad pequeña y podrida, Rottentown, como así la llamaban, era una ratonera en la que podías entrar pero no salir. Lo que entra en Rottentown, se queda en Rotttentown. Y nunca nada sale. Así, la basura y la droga se acumulan hasta formar lo que hoy en día son sus calles, su gente.

Y si digo que la salida no es una opción viable no es sólo porque esté restringida. Más allá de los mercúricos muros de esta ciudad, y hasta los muros de cualquier otra está la Tierra Negra. Nadie corriente sabe qué hay ahí o por qué está formada. Nadie ha vuelto con vida para relatarlo y los rumores son abundantes y muy, muy imaginativos.

De todos modos era mi única opción teniendo el Ácido en mi poder: o moría a manos de lo que hubiera ahí fuera o Demócrito acabaría conmigo de todos modos.

Estaba decidido, iba a irme de aquel agujero de ratas.

Cogí provisiones y bastante ropa, envolví el Bioáxel en una funda de mercurio y me dispuse a irme.

Ya me iba del que había sido mi hogar, mi morada durante 26 largos años cuando oí una voz a mis espaldas.

-Pensabas irte sin mí, ¿Eh cabronazo?

Me volví hacia mi interlocutor

-¡Tony!

-Maldito hijo de perra-Soltó una carcajada sonora seguida de un ataque de tos- No pienses que te librarás de mí tan sencillamente-Dijo mientras encendía otro de esos apestosos cigarros-Además, sin mí no llegarías diez metros más allá de este portal.

-¿Ah no?-Arqueé una ceja-¿Y qué planeas, Tony? ¿Acaso venirte conmigo? Sabes de sobra que es un suicidio.

-Pero verás Frank…yo no soy más que un pobre camello sin amigos. Si tú la palmas, me volvería loco, joder.

Reí-Ya lo estás, capullo. Y además eres un jodido adicto a esa mierda de Oxidross.

-Minucias, Frank, minucias. Y será mejor que partamos ya. Se hace de noche.

Y así, acompañado de aquel hombre que alguna que otra vez me había salvado el pellejo y sin ningún plan previo, salí en busca de una oportunidad, o mejor dicho, de un milagro.

No sabía por qué había accedido a hacer aquello. ¡Joder! Aquel era un sitio de mala muerte y él no tenía ganas de aguantar a los toxicómanos erráticos que vagaban por las calles. Al fin encontró el portal. Slaughter Street, nº 121. La puerta estaba abierta de modo que pasó al ruinoso edificio. Subió hasta el onceavo piso por las escaleras, pues su claustrofobia le impedía subir en el ascensor. Cuando llegó, llamó al timbre.

-¡Eh!-Dijo una voz apagada y rasgada-¡Largo! No me queda Flash, ¿entendido? ¡Fuera!

-Soy yo-dije-Frank. Me envía Demócrito.

-¡Coño! ¡Haberlo dicho antes!

El sujeto abrió la puerta y comprobé que le faltaban las piernas y algunos dedos. Llevaba un parche en el ojo derecho y sostenía en sus labios un puro. El aire estaba cargado de ese apestoso humo. Pasé y me senté en uno de los mugrientos sofás.

-Tengo algo para ti, chico-Dijo el desconocido- Y tú también tienes algo para mí, si no me equivoco.

-En efecto, pero antes me gustaría verlo.-Dije haciendo una pausa, acompañada de una arqueo de cejas.-Si no le importa, claro.

Se acercó hasta una nevera y la abrió. Allí estaba. El último pedazo de Ácido de Bioáxel cristalizado.

-Ahora dame lo que es para mí, ¿eh?-Sugirió.

Entonces dejé escapar una sutil risa.

-Lo siento, amigo-Dije mientras sacaba mi NH-56- Pero ya me has jodido bastante con este humo tuyo.

-¡Pero qué cojones! ¡Te arrepentirás de esto, cabronazo, Demócrito te acabar-!

Apreté el gatillo. Una vez. Dos. Siempre conviene asegurarse. La colilla hizo un ruido extraño al caer sobre la mezcla de Oxidross y Nicotina pura derramada sobre el suelo y a los pocos segundos se incendió el parqué del salón. Me fui de aquel antro y comencé a pensar en huir de la ciudad.

Una ciudad que no me dejaría escapar tan fácilmente.