Aquello era increíble.
Ante mis ojos no había nada salvo una vasta planicie que se extendía hasta donde la vista se perdía. La tierra era de un color negruzco y completamente árida;¿De veras podía algo sobrevivir ahí? La tierra ardía a pesar de que era de noche, y la luz de la luna era como absorbida por aquella superficie opaca y oscura. A lo lejos se divisaban escintilantes puntos; eran las ciudades, cuyos mercúricos muros reflejaban con fuerza la luz del satélite, que se encontraba en pleno apogeo de su grandeza.
-Eh Tony…no podemos volver. -Dije.
-Lo sé.-Dijo Tony dejando escapar un suspiro.-Y tendremos que alcanzar otra ciudad antes del amanecer.
-Sí, me temo que si no moriremos achicharrados en este suelo muerto.
-Creo que la ciudad más cercana está hacia el sur.-Señaló a nuestra derecha.-Así que intentaremos alcanzar esa.
Comenzamos la marcha a paso ligero. Mientras avanzábamos yo iba pensando en cómo me había podido traer tantos problemas una cosa como aquella. Palpé el bolsillo interior de mi chaqueta y comprobé que seguía allí. Al cabo de unas horas decidimos hacer una pausa, pues tanto Tony como yo no estábamos en muy buena forma.
Observé que Tony sacaba una botellita.
-Ni se te ocurra.-Dije.
-Vamos, Frank…sólo lo necesario para pasar la noche…-Dijo mientras la destapaba.
-¡Que no, Tony!-Fui hasta él y le arrebate el frasco.
-¡Eh, devuélveme eso, cabrón!
Hubo un forcejeo y finalmente la botella cayó al suelo y se rompió, derramando el Oxidross por el suelo. Acto seguido hubo un silencio y una quietud mortales, que se vieron interrumpidas por Tony.
-Has roto mi botella.-Dijo, como si estuviera en shock.
-Lo siento, Tony…yo…-Intenté disculparme.-No era mi intención tío.
-Era mi última botella…-Murmuró para sí mismo. De repente me miró.-¡Y tú la has roto!
Pareció que iba a arremeter contra mí, pero sin embargo rompió a llorar.
-¡Ahora moriré por tu culpa joder!.-Dijo entre sollozos.
La había armado. Y bien gorda.
-No morirás.-Dije para alentarlo.-No si yo estoy aquí para evitarlo.
Genial, esto no iba a ser nada bueno para la caminata. Iba a suponer un grave contratiempo.
Cuando conseguí tranquilizar a Tony, reemprendimos la marcha, pero había perdido una hora y media en el proceso. Empezaba a dudar de que fuésemos a llegar con éxito a la ciudad.
Caminamos durante horas sin ninguna pausa, con Tony delirando y yo tratando de convencerlo de que mi brazo no era un helado que iba a refrescar su garganta, hasta que cayó rendido.
-No puedo más, Frank. Sigue sin mí. Yo no llegaré.-Dijo poniendo voz dramática.
-Deja de decir tonterías. Vamos a seguir los dos.
-No…déjame aquí…pero al menos déjame con ese polo que llevas ahí…estoy seguro de que me calmará.
-Calla.-Dije.-Necesitas reponerte, eso es todo.
Pero no parecía que recuperase las fuerzas. Pasaron 2 horas y seguía sin poder levantarse, y el sol comenzaba a iluminar la bóveda celeste.
-Pronto amanecerá.-Dijo Tony.-Debes irte.
-¡No te pienso dejar tirado, joder!
Entonces lo monté en mis hombros y lo llevé a cuestas. Así anduve una hora hasta que amaneció y los rayos comenzaron a quemarme la piel. La ciudad, por lo que pude calcular, debía estar ahora a un par de kilómetros. Pero parecía que yo nunca avanzase.
-No…puedo…más.-Murmuré.
Caí al suelo, sin fuerzas para moverme y sintiendo el ardor del astro rey en mi piel.
-Es el fin, Tony.-Dije.-Vamos a morir achicharrados como ratas en un horno.
-Joder tío…-Dijo Tony.-Nunca pensé que acabaría así. Pensé que moriría de sobredosis, o tiroteado, ya sabes…
-Yo tampoco me lo esperaba, si te digo la verdad.-Cerré los ojos.
-Cuando cierras los ojos hasta parece que hay sombra, ¿eh?.-Comentó Tony.
-Yo sigo sintiendo el calor, Tony…-Respondí.
-Pues yo siento las piernas frescas…
-Estarás alucinando…al menos tú vas a morir sin dolor, por el mono.
Me giré y quise abrir los ojos, pero al intentarlo la luz penetró hasta el fondo de mi retina y me provocó un intenso dolor. A pesar de todo, miré a Tony, y supe que sería mi última visión.
Pero en mi visión había algo que no entraba en mi planes.
-Espero que yo tampoco esté alucinando…-Dije
Y tras decir esto, abandoné mi cuerpo.