Fui tanto, y tan poco soy, y seré quizás nada, que el tiempo nos torna en opuestos, y yo, loco, voy creyendo que mi contrario es la vida, me miento y lo sé, mas me encuentro apuesto en el espejo de la mentira. Pero cada vez que siete años de suerte resto a mi fortuna al romper un reflejo cuando me busco, no comprendo que persigo la muerte, el saber que estoy lejos de la lechosa luna y del exagerado brillo del Sol; mi lugar es nada, salvo una ironía antigua, una broma pretérita, una retórica pasada, y la tiranía de la arena que cae me recuerda que soy lo que polvo será, que el tiempo y la muerte son amigos, prometidos, madre e hijo, y siento que se acaba la cuerda de mis mil relojes.