De tu remanso tranquilo
en el regazo de la Luna,
una madre muerta suspira
y en su brillo escintila la duda,
cuando nadie mira.
Nacen tantos, tanto odio,
tanta muerte y placer,
que apaga tu llama, Poesía,
tu eterno y dulce amanecer,
ennegrece, vida mía,
con cada pequeño acto
de dejar, conceder, en la apatía,
de un amagor puro, amor,
de un alma, tan vacía,
un oscuro dolor.