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Tan oscuro placer maldito

que nacido de la mayor de las desgracias

vas a posarte a mi lecho,

¡Vete, sombra de soledad!

¡Abandona mi muerto pecho!

Hija del lamento de un vacío de cariño,

de un adiós, perdón tardío,

cadáver raído, flor marchita,

poema absurdo en jirones desecho,

¿Por qué buscas saciedad en mí,

amarga ilusión rota,

sombra de un miedo que palpita

en las sienes de una conciencia ignota?

Malditas sean las promesas,

disfraz de inocencia y pureza,

que esconden la peor desdicha

del alma del ser humano,

la traición velada;

letal, dolorosa, enemiga,

y por nunca jamás perdonada.

 

Las palabras no comprenden

cuando yo, en mi locura,

les hablo de ti;

ninguna de ellas imagina ni expresa

tal imagen, etérea, casi fantasmal

de la que relato efímeros cuentos.

No entienden, no hablan,

callan, o enmudecen, temen fallar

al definir los límites de tan preciada figura;

aterrorizadas huyen de mí cuando las busco,

queriendo encontrar a aquella

que pueda darte definición,

un punto de comparación, quizás,

no lo sé; Poesía, ni ella pudo,

tan bella criatura domar jamás.

Deshaces mi entendimiento, mi sentimiento entrelazas.

Ni siquiera algún ángel se compara

a la gracia que de ti mana,

que hasta los dioses la envidian,

a aquella que deja mudas

a las mismas palabras.

De tu remanso tranquilo

en el regazo de la Luna,

una madre muerta suspira

y en su brillo escintila la duda,

cuando nadie mira.

 

Nacen tantos, tanto odio,

tanta muerte y placer,

que apaga tu llama, Poesía,

tu eterno y dulce amanecer,

ennegrece, vida mía,

 

con cada pequeño acto

de dejar, conceder, en la apatía,

de un amagor puro, amor,

de un alma, tan vacía,

un oscuro dolor.

Quizás es esto un sueño

y nacemos de una mente,

y en ella morimos; ¿somos dueños,

acaso, de una vida,

de una ilusión demente,

idea decadente, pesadilla

extraña de un ser durmiente?

¡Qué triste imaginación

saber que nos toca nada,

sino vivir una ficción,

una locura mal soñada!

Antes la mentira

de, no soñado, sin embargo,

creerme soñador que delira

vidas ajenas en su letargo.

Cuando tocan sus labios el azar,

de tus supiros en la brisa,

despierta muerto, en su sonrisa,

de un sueño, ahogado en el mar;

 

maldición de café y rosas

tan gustosa al paladar

te presentas, y dejas pensar

que una mente sea tan golosa.

 

Alma prohibida, la carne

te sujeta a la vida,

tan lejos de tu esfera,

 

él te sueña, yo le envidio

por imaginarte mía,

y no su ilusión efímera.

 

 

Fui tanto, y tan poco soy, y seré quizás nada, que el tiempo nos torna en opuestos, y yo, loco, voy creyendo que mi contrario es la vida, me miento y lo sé, mas me encuentro apuesto en el espejo de la mentira. Pero cada vez que siete años de suerte resto a mi fortuna al romper un reflejo cuando me busco, no comprendo que persigo la muerte, el saber que estoy lejos de la lechosa luna y del exagerado brillo del Sol; mi lugar es nada, salvo una ironía antigua, una broma pretérita, una retórica pasada, y la tiranía de la arena que cae me recuerda que soy lo que polvo será, que el tiempo y la muerte son amigos, prometidos, madre e hijo, y siento que se acaba la cuerda de mis mil relojes.

De cuando la vida es sueño,

y de cuando el sueño, puro

e intocable de insomnio,

se torna podrido y negro;

 

Hablan mil historias,

y por escribir, muchas

que quedan, y las memorias,

de los siglos que fueron

sangre sobre acero en sus entrañas,

carne quemada, incautos en duchas,

polvo alimentando las zarzas

de una maraña de odio y sed

de riqueza y poder, mil luchas,

que a un buitre necesarias,

y a los niños, tan extrañas;

tan ajenas que parecen fantasmas,

arena de huesos antiguos,

y más allá del mar,

aún se ven ríos y montañas,

de carácter humano, un miasma,

que a poco más tocar no se deja,

por el verbo ambiguo y las patrañas,

de carroñeros sin par,

que antes que nos corten la lengua,

mejor callar.

 

 

 

Teño, tiven, terei,

una loita, un temor, un pesadelo,

de non ter feito o que xurei

facer malia que con bigornia e martelo,

torcesen o sentir da miña lei;

esa que levo no sangue,

e que xa me dixo dende pequeno

que máis aló do escuro veo,

que tende o que se nomea rei

de aquilo que xulga,e sen coñecelo,

arríncao do seo da mai,

hai máis ca escuridade inculta

e séculos de loita insulsa;

Tras del hai xentes agarimosas,

cheas de humildes desexos,

e de falas ben fermosas,

e polo que sei,

tanto falan coma descoñecen

os que din que son odiosas

linguas nadas da grei.

¡Oh, negro amor!

Nacido de un sueño furtivo

y de la triste amargura,

en la cuna del dolor

y del tiempo fugitivo;

criado con mano dura

y bañado en la ilusión

y en el oscuro ardor

de la lejana pasión;

Oh, querer que mata,

ponzoñosa obsesión

que se aferra a las fibras del alma,

y la razón nubla con latidos del corazón;

escapa, huye, fantasía negra,

umbría huella e inmadura,

que gangrenas hasta los sueños,

hijo bastardo de la locura.

Se engendra en los baúles
de un pasado perdido
sólo el tenue sonido
en su vientre de telarañas azules,
un ruido en la distancia,
una zanja que medra inexorable,
que hace ecos de algo innombrable,
(en la memoria el llanto es interferencia)
describe, en su callada música;
no adivina, es razón pura;
que nunca el pasado fue ficción,
la acústica pretérita es oscura
precisa y tirana, una mano dura,
que nos aprieta nada, sino el corazón.