Tan oscuro placer maldito
que nacido de la mayor de las desgracias
vas a posarte a mi lecho,
¡Vete, sombra de soledad!
¡Abandona mi muerto pecho!
Hija del lamento de un vacío de cariño,
de un adiós, perdón tardío,
cadáver raído, flor marchita,
poema absurdo en jirones desecho,
¿Por qué buscas saciedad en mí,
amarga ilusión rota,
sombra de un miedo que palpita
en las sienes de una conciencia ignota?
Malditas sean las promesas,
disfraz de inocencia y pureza,
que esconden la peor desdicha
del alma del ser humano,
la traición velada;
letal, dolorosa, enemiga,
y por nunca jamás perdonada.