De cuando la vida es sueño,
y de cuando el sueño, puro
e intocable de insomnio,
se torna podrido y negro;
Hablan mil historias,
y por escribir, muchas
que quedan, y las memorias,
de los siglos que fueron
sangre sobre acero en sus entrañas,
carne quemada, incautos en duchas,
polvo alimentando las zarzas
de una maraña de odio y sed
de riqueza y poder, mil luchas,
que a un buitre necesarias,
y a los niños, tan extrañas;
tan ajenas que parecen fantasmas,
arena de huesos antiguos,
y más allá del mar,
aún se ven ríos y montañas,
de carácter humano, un miasma,
que a poco más tocar no se deja,
por el verbo ambiguo y las patrañas,
de carroñeros sin par,
que antes que nos corten la lengua,
mejor callar.