Archive for the ‘Capítulos’ Category

Me tocaba a mí empezar la guardia.

El profesor me sirvió una taza de café, el cual le hice catar previamente en vista de los últimos acontecimientos, y se puso a preparar sus experimentos. Mientras tanto, para distraer la mente, fui repasando mentalmente nuestra situación, así como empecé a idear  algunos planes de futuro. A pesar de que no podía planificar a muy largo plazo debido a nuestra situación, por lo menos convenía tener ideada alguna estrategia de salida por si las cosas se ponían feas. Pensé en Anaximandro: Poniéndome en lo peor, lo más probable es que ya hubiera dado con nuestro rastro y se dirigiese hacia allí. Siendo optimistas, quizás nuestros últimos movimientos lo habrían despistado, lo cual nos daría un valioso tiempo en el que podríamos respirar tranquilos. Pero con Anax nunca se sabe.

El profesor me sacó de mis cavilaciones con un toquecito en la espalda.

-¿Frank?-Dijo Leonid.

-Lo siento, estaba en mis cosas.-Me excusé.-Dime

-El Ácido.-Dijo.-Lo tienes, uhm, tú.

-Ah, claro, toma.-Dije mientras le tendía el material.-Espero que sirva de algo…

-No te preocupes, me encargaré de que se le dé el, uhm, uso, apropiado.-Dijo el profesor.

 

Volví a mis pensamientos mientras el profesor se llevaba la muestra y ponía a funcionar las complejas máquinas de su laboratorio. Lo observaba continuamente, pero si os digo la verdad, si se hubiera puesto a hacer malabares probablemente yo ni lo hubiera notado. Estaba tan absorto en mis reflexiones que apenas prestaba atención a lo que hacía el doctor. Llegó un momento, habiendo pasado ya una hora, en que me sorprendí pensando en voz alta, sin quererlo, y juzgué necesario llamar a Emma para el relevo. Ya vigilaría yo cuando estuviera más centrado.

Antes de irme, me acerqué al profesor.

-¿Cómo va eso, Leonid?-Inquirí.

-Bueno, bueno, las reacciones son sin duda, uhm, interesantes.-Dijo el profesor.-A la par que inexplicables, la mayoría.

-¿Eso es…malo?

-¡Para nada! Algo que desafía tan bruscamente las, uhm, leyes, de la Física y la Óptica, es una fuente de progreso con mucho potencial.-Dijo, entusiasmado.

-Entiendo.-Dije.-Le dejo con Emma, vendrá ahora a relevarme.

-Claro, claro, sin problema.

Fui a la habitación, donde me encontré a Emma durmiendo a pierna suelta.

-Despierta, dormilona.-Dije mientras le daba un beso.-Te toca vigilar.

Emma se revolvió un poco, remolona, pero finalmente se levantó, se calzó, y fue hasta el laboratorio murmurando algo que no entendí.

De modo que yo me quedé a solas con mis pensamientos, de nuevo. A decir verdad, no tenía ganas de pensar en nada, pero mi mente patinaba instintivamente hacia preocupaciones de distinta gravedad, siempre queriendo darles solución o consuelo. Ante una situación como ésta hice lo que me pareció más justo: dormir. No me resultó demasiado difícil pillar el sueño, ya que estaba exhausto por la aventura con Benjamin en el coche. Emma me despertó, dos horas más tarde, para relevarla.

Llegué al laboratorio y comprobé que el profesor trabajaba ahora a pleno rendimiento: sus manos no paraban quietas y las máquinas no cesaban su actividad. En el aire había un cierto olor dulce, como afrutado. Iba a preguntarle cómo le iba, pero decidí que quizás lo haría en uno de sus descansos. Me senté de nuevo en una de las sillas y me limité a esperar y observar al profesor.

“Qué aburrimiento.”

Recuerdo que ése fue el último pensamiento que tuve antes de que un grito del profesor me llegase demasiado tarde y un fogonazo de luz, sumado a una especie de calor que invadió todo mi cuerpo, me dejasen inconsciente.

Desperté ya de día, rodeado de unos desconocidos.

 

-¿Acaso pensabais que iba a dejar escapar la oportunidad de conseguir un trozo de semejante tamaño de Ácido?-Dijo con cierto tono de superioridad Ben.

Yo seguía conduciendo, mirando el retrovisor de reojo. Notaba a Sahra en mi cintura, llamándome, pero no me planteaba la opción de desenfundarla y disparar.

-¿Y ahora qué, Ben?-Dije.

-Sigue mis indicaciones. Toma el siguiente desvío a la derecha y continúa recto hasta que yo te diga.-Respondió.

Cambié de marcha, y aprovechando el movimiento giré dos veces el tambor de mi arma.

Giré a la derecha, como me dijo, y aproveché el giro para cambiar de nuevo de marcha y girar el tambor dos posiciones más. El ligero zumbido pasaba desapercibido debido al ruido del motor.

Miré a Tony de reojo, y traté de hacerle señas con los ojos para que mi plan no lo pillara por sorpresa, pero fue en vano; estaba  distraído, probablemente pensando en la manera más dolorosa y cruel de matar a Benjamin.

De todos modos, seguí adelante. No sabía dónde Ben me mandaría parar el vehículo, pero…

…no tenía pensado esperar a que me lo ordenase.

Llevé la mano a la palanca de cambios y, al tiempo que daba un frenazo, desenfundé a Sahra con un rápido movimiento, y apunté hacia atrás sin siquiera girarme para mirar, volteando mi muñeca.

Antes de esperar una reacción, apreté el gatillo.

Cuando Gros me dijo que la pistola arrasaría todo lo que tuviera delante en una distancia de treinta o cuarenta metros, no sabía muy bien qué esperar; pero después de aquello, me costó volver a apretar un gatillo.

Sahra vomitó toda la energía de las baterías, y lo único que sentí fue un destello de luz y una fuerza que me sacudió y me dejó inconsciente mientras daba tumbos violentamente y un pitido agudo inundaba mis oídos.

No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que volví en mí, pero cuando desperté me encontraba apoyado contra una pared, con Tony a mi lado vigilando nervioso la entrada del callejón en el que nos hallábamos. De fondo se oían varias sirenas y un ruido de muchedumbre.

-Mierda…Tony…-Dije con voz apagada.

-¡Maldito cabrón, por fin te despiertas!-Dijo Tony-¿No podías haber avisado? Tío, casi me cago en los pantalones del susto, en serio.

Solté una carcajada débil.

-Perdón, intenté avisarte pero…bah, no importa…-Miré a mi alrededor.-¿Dónde estamos?

-No sé, te arrastré al primer callejón que vi. ¿Tú sabes el desastre que has armado ahí fuera? Hay un puto agujero en medio de la carretera, junto con medio coche unos metros más adelante.-Dijo Tony.-La gente debe de estar flipando.

-¿Y Ben…?-Inquirí.

-Tío, te lo acabo de decir, hay un hueco en el asfalto.-Se me quedó mirando.-Si lo que cojones hayas disparado le dio de lleno, probablemente se haya desintegrado.

Nos quedamos un momento en silencio.

-¿Y cuánto llevamos aquí?-A juzgar por la iluminación, parecía que ya estaba atardeciendo-¿Crees que nos echarán ya de menos en casa?

-Pues llevamos aquí un buen rato, la verdad. No me atrevía a salir contigo inconsciente de un callejón. Pensé que a la policía podría hacerle bastante gracia detenerme.-Dijo Tony.-Pero ahora sería mejor que volviésemos. ¿Te acuerdas del camino?

-Más o menos.-Dije, desanimado.

Me incorporé a duras penas y comenzamos a andar. Mis heridas eran bastante leves; algunos cortes no muy profundos, pero, sorprendentemente, ninguna fractura. Al llegar a la calle pude ser testigo del daño ocasionado por Sahra: Un agujero de unos seis metros de longitud a lo largo del pavimento, así como múltiples fragmentos de metal fundido repartidos por la vía. La mitad del coche que había quedado más o menos intacta se encontraba, efectivamente, varios metros más adelante.

Y eso que las pilas Doble-ES de Sahra estaban, probablemente, cerca de agotarse cuando disparé…

Llegamos al piso pasada una media hora, y subimos con esfuerzo las empinadas escaleras. Para mi sorpresa, la puerta ya había sido reparada. Llamamos al timbre, y a los pocos segundos, Emma abrió la puerta y se quedó con cara de asombro.

-¿Frank? Santo Dios, ¿Qué ha pasado?¿Y Ben..?-Dijo, preocupada.

-Ahora te cuento, cariño, no te preocupes…pero antes déjame sentarme.-Dije, desganado.

Pasamos al salón, donde Leonid y Sherry parecían estar inmersos en un duelo de ajedrez. Me tiré en uno de los sofás mientras Emma iba a por material médico, y Tony decidió hacer lo mismo. Joahn estaba tocando en una de las esquinas de la sala, pero parecía que sólo estuviera practicando el movimiento de dedos, pues no se oía nada. Cuando nos vio, dejó el instrumento y se acercó para ver cómo estábamos.

-Parece que os hayan dado una paliza. ¿Qué ha pasado?-Hizo una pausa.-¿Y dónde está el otro tipo?

-”El otro tipo”.-Dije.-Está probablemente esparcido por el aire de Dishzya.

Ante la cara de extrañeza de Joahn, decidió ser más conciso.

-Está muerto. Frank se lo ha cargado.-Dijo Tony.

-Sí, bueno, teniendo en cuenta que nos estaba amenazando con una pistola a cada uno y pretendía robarnos el Ácido, poco más podía hacer…-Dije, como si realmente tuviera que justificarlo.

Ante esta conversación, la atención del profesor, hasta ahora centrada en la partida, se desvió a nosotros.

-Así que has matado a mi, uhm, ayudante.-Dijo.-¿Puedo inquirir el porqué de tan brusca decisión?

-Su ayudante, profesor, quería robarnos el Ácido…-Dije.-Lo cual me hace replantearme la idea de dejárselo a usted.

-Por favor, Frank, seamos, uhm, razonables. Mis intenciones nada tienen que ver con las de mis ayudantes, y por lo tanto, no tienes por qué preocuparte. Aunque sin duda es una, uhm, decepción, que mi ayudante haya intentado robaros el Ácido. Y bueno, en menor medida, una pena que esté, uhm, muerto.

-¿Y acaso puedo fiarme de su palabra, profesor?-Dije, escéptico.

-Bueno, si lo que buscas es una, uhm, muestra de mi fidelidad, no sé que puedo ofrecerte como tal…-Dijo Leonid.-Puedo ofrecerte que te quedes a dormir esta noche, para que me vigiles, si te, uhm, sirve. Como mucho podréis quedaros dos…siento no disponer de más espacio.

-No dude en que pasaré la noche sin quitarle el ojo de encima.-Dije.-Tony, hoy nos quedamos. Haremos turnos de guardia.

-Entonces…¿Ben está muerto? Menuda desgracia.-Dijo Emma con tono irónico.

-Quizás te interese saber que tu novio voló en pedazos el coche cuando lo mató.-Dijo Tony.-Y ahora que lo pienso, eso implica que nos hemos quedado sin armas…

-¿Cómo?.-Dijeron Emma y Joahn al unísono.

-¿Por qué has destruido el vehículo?.-Dijo Joahn.-¿Era necesario?

-Bueno, más o menos. No tenía demasiado margen de maniobra…-Dije, para excusarme.

-Permitidme que os haga entrega de una, uhm  arma corta. Por lo que veo andáis faltos de defensa propia.-Dijo el profesor mientras se acercaba a un antiguo mueble y abría un cajón.-Toma.

Tony cogió el arma. Era un arma bastante anticuada, una pistola de alto calibre.

-Es bonita…-Dijo Tony.

-De acuerdo…-Dije.-Entonces, haremos lo siguiente. Tony, tú acompaña a Joahn y a Sherry a un hotel. Yo me quedaré con el profesor y Emma. Así, ambos estaremos más o menos protegidos.

-Tú lo que quieres es cepillártela…-Dijo Tony por lo bajo, a pesar de lo cual pude oírle.-Vale, vale, lo capto. Me piro con los monstruitos a otra parte. Oye, por cierto, va siendo hora de que encontremos alguna manera de comunicarnos. En plan, un móvil, o algo.

-Sí, eso estaría bien, definitivamente…-Dije.-Bueno, lo miraremos mañana. Estoy bastante cansado y queda una larga noche por delante.

-De acuerdo, pero mañana sin falta.-Dijo Tony.-Venga, chao, procurad no morir, y nosotros haremos lo mismo.

Todos se despidieron y el profesor los acompañó hasta la puerta. Después, nos llevó hasta la habitación de invitados.

-Bueno, aquí es donde podéis dormir.-Dijo Leonid. Espero que os resulte, uhm, cómodo.

La cama era de matrimonio, bastante amplia, y en general la habitación parecía bastante decente.

-Si me necesitáis estaré en el, uhm, laboratorio.-Dijo Leonid mientras se iba.-Frank, cuando puedas tráeme el Ácido, si me haces el favor.

Me tiré en cama y Emma se tumbó a mi lado. Cuando me di cuenta, me estaba mirando de forma bastante lasciva.

-No flipes.-Le dije.-Esta noche nada de jueguecitos. Estoy medio muerto…

-Bueno, ya veremos.-Dijo Emma.-Por ahora, será mejor que veamos el laboratorio del profesor y que nos explique qué va a hacer.

En el laboratorio, el profesor estaba haciendo todos los preparativos para comenzar con los experimentos. Puse el Ácido sobre la mesa de trabajo del profesor.

-Infórmeme de la naturaleza de los experimentos que realice y los resultados obtenidos, así como lo que ello conlleve.-Dije, serio.

-Tranquilo, Frank.-Dijo Leonid.-No haré nada que no nos beneficie.

-Haremos guardias regulares, Emma.-Dije.-Empezaré yo.

-Bueno, vale.-Dijo Emma.-Pero no creo que logre dormir mucho.

-Prepararé café.-Dijo el profesor.-Tengo la impresión de que será una larga noche.

Y efectivamente, una larga noche se avecinaba.

Una larga noche de locos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hubo unos segundos de silencio hasta que el hombre se fijó en Emma.

-¿Tú no eres, uhm, Emma?¿La ayudante del profesor Raikin Woods?-Preguntó.

-Así es. Usted es el profesor Leonid Andreyovich Volkov, ¿me equivoco?

-No hay muchas, uhm, personas, que sepan mi nombre completo.-El profesor permanecía sonriente.-Pasad a la sala del té, por favor, y poneros, uhm, cómodos, mientras preparo un piscolabis. Tercera puerta a mano izquierda.

Dicho esto, entró en la cocina y cerró la puerta tras de sí. Nos dirigimos a la habitación que ya antes habíamos visto mientras buscábamos al profesor. Se trataba de un gran salón con una decoración que imitaba a la perfección la que podría haber sido la sala común de una casa de hacía cien años. Nos sentamos alrededor de una pequeña mesa circular, rodeada de sofás y un sillón individual, situada en el centro del cuarto.

-Es la última vez que me fío de uno de tus presentimientos.-Le comenté a Tony una vez nos hubimos sentado.

-Algo me daba muy mala espina, tío. Te lo digo en serio, había algo que me mosqueaba mucho.-Replicó Tony.

-¿El qué?-Pregunté.

-No lo sé, joder, un presentimiento.-Dijo, pensativo.

-Tch.-Chasqué la lengua en señal de decepción.-No me vuelvo a fiar de tu intuición…

Emma llevaba un rato distraída.

-¿Emma, este hombre era así de raro cuando lo conociste?-Pregunté.

-Sí, era un gran aficionado del té y el estilo contemporáneo de los antiguos años veinte.-Respondió Emma.-Y su personalidad tampoco ha cambiado un ápice. Sigue igual de impertubable. Cuando trabajábamos juntos, recuerdo que su característica más destacable era que nunca se enfadaba.

-Hombre, como que acabamos de reventar la puerta de su casa y el tío nos has sonreído y nos ha invitado a tomar el té.-Dijo Tony.-No sé si prefiero eso o que se cabree. A lo mejor ahora nos echa veneno en el té, o algo así…

Apenas Tony acabó la frase, nuestro anfitrión apareció por la puerta con una bandeja y la depositó en la mesa, y hecho esto, se sentó en el sillón y se ajustó el monóculo.

-Bueno, decidme,¿qué os trae por aquí? Imagino que no habéis venido por el placer de, uhm, derribar, mi puerta.-Dijo mientras servía la infusión en las tazas.-Aunque primero será mejor que nos presentemos. Yo soy Leonid, ex-profesor en la Universidad de Dishzya y, uhm, científico al servicio de la humanidad.

-Yo soy Franklin Düstler, encantado.-Dije.-Puede llamarme simplemente Frank.

-Yo me llamo Ton Holzfäller.-Dijo Tony.-La mayoría me llama Tony.

-Un placer conoceros, Frank y Tony.-Dijo mientras echaba dos azucarillos en su taza.-Servíos, por favor. Tú también, Emma. Decidme, pues, ¿qué motivos os han, uhm, llevado ante mi presencia?

Cada uno cogió su taza. En ese momento me fijé en que había cinco tazas, en lugar de cuatro. Decidí simplemente contestar a la pregunta.

-Bueno, Emma nos comentó que usted trabajaba con Raikin y que tenía unos planes para darle uso al Ácido de Bioáxel similares a los suyos.-Di un sorbo a mi taza de té. Pude observar cómo Tony me miraba inquieto y desconfiado.

-Así es, amigos, el Gobierno me prohibió poner las manos sobre su , uhm, valioso y preciado Ácido. Tenían previstos otros usos…-Dijo Leonid.-Las existencias son tan escasas que unos pocos gramos valen su peso en oro. De hecho, bastante más que en, uhm, oro.

-Pues verá, en ese caso, quizás esto le resulte interesante…-Saqué los dos pedazos de Bioáxel.-O al menos podrá decirnos qué se puede hacer hacer con él.

La cara del científico adoptó una expresión de fascinación que hasta me asustó.

-No es posible que poseas tal cantidad.-Dijo incrédulo y sin dejar de mirar fijamente a los dos trozos.-¿Cuánto pides? Te daré, uh, uhm, uhm, lo que sea, tengo dinero de sobra…

-Tranquilo, profesor.-Dijo Emma.-Se lo hemos traído con el único propósito de que le dé un buen uso y evitar así que el Gobierno se haga con él.

-Pero bueno, aceptamos caridad, que tampoco es que nos salga la pasta de las orejas…-Dijo Tony, que aún no había probado el té.

-Lo que sí quiero es encargarme de supervisar lo que hace con él, profesor.-Dije.-Y que me informe de cada nuevo avance que realice. Por lo cual, y debido a nuestra falta de crédito, quizás tenga que prestarnos algo para pagarnos un hotel…

-Sin problema, os daré todo lo que necesitéis.-Parecía haberse relajado, pero en sus ojos se apreciaba el brillo de la ilusión.-No tenéis ni que preocuparos por la, uhm, puerta, ya la mandaré reparar.

-Entonces, así haremos.-Acabé la taza de delicioso té que nos había preparado el profesor.-Si nos facilita ahora algo de efectivo, iremos buscando dónde alojarnos…

-Quizás pueda ayudaros a encontrar un sitio donde nos os despertéis con una navaja clavada la espalda…-Dijo una voz proveniente de una puerta situada en la pared justo a nuestra espalda.

Me giré sobresaltado, y apoyado en el marco de la puerta vi a un hombre joven, más o menos de mi edad, alto y de cabello anaranjado. La sonrisa amarillenta, quizás por un consumo habitual de Flash, destacaba sobre su cara blanquecina.

-No pensé que lo conservaría como ayudante, profesor Leonid…-Dijo Emma con tono de fastidio.

-¡Pero si es Emma!¡La irresistible y dulce Emma Brown! No esperaba volver a verte, chica…-Dijo mientras se acercaba a ella. Tenía un cierto tono burlón en la voz.-¿Has vuelto para buscarme, querida? -Cogió la quinta taza de té y dio un sorbo.

-Ni te acerques, escoria.-Dijo Emma en tono seco.

-Vaya, vaya, parece que aún no has superado aquello…-Dijo el desconocido mirándola de forma lasciva.

Yo no entendía nada de lo que estaba pasando.

-Cierra la boca, Ben.-Emma parecía empezar a cabrearse.

-¡Jajaja! ¡Así que no lo has olvidado aún! Ya sabía yo que quedaría para la posteridad…-Dijo el tal Ben.-Me pregunto si podría-

-Ya basta, Benjamin.-Dijo Leonid.-Estás comportándote como un, uhm, crío de diez años.

-Lo siento, profesor.-Dijo Ben con un tono más serio.-En cuanto a vosotros dos, no tengo ni idea de quiénes sois, pero me presentaré por no ser descortés. Mi nombre es Benjamin Miller, graduado en Bioingeniría, y actualmente el ayudante del profesor Leonid. Un placer conoceros…por ahora.-Dijo el hombre dirigiéndose a Tony y a mí.

-Yo soy Frank, y ése de ahí es Tonny. Encantado.-Dije yo con no demasiado entusiasmo.

-Vaya, qué tío más soso.-Dijo Benjamin.-Bueno, a lo que iba; puedo ofreceros un paseo informativo por Dishzya si lo deseáis. Conozco cada pub y cada tienda de este hervidero de ratas.

Iba a contestar a su ofrecimiento, pero Tony pareció leerme la mente.

-No sé hasta qué punto te quiero como guía, pelirrojo.-Dijo Tonny.

-Oh, es una pena.-Dijo el sujeto con tono dramático.-Pero imagino que preferís que os apuñalen u os violen mientras dormís antes que aceptar mi ayuda…

Hubo un momento de silencio.

-De acuerdo.-Dije.-Iremos en mi coche a dar una vuelta. Pero yo conduzco.

-Hey, Frank, no cabemos todos en el coche.-Dijo Emma.- A no ser que metamos a Sherry en el maletero.

-También podríamos meter al pelirrojo…-Dijo Tony con una sonrisa.

-En ese caso quédate aquí con Sherry y Joahn.-Le dije a Emma.-Tony y yo iremos con Ben en el coche.

-Sin la señorita, el paseo pierde la gracia…-Dijo Benjamin mirando a Emma.

Este tío empezaba a cabrearme.

-Bueno, bajemos, ya te mando ahora a los otros dos.-Dije mientras me acercaba a Emma para despedirme.

-Vale, ten cuidado, te quiero.-Dijo dándome un beso.

Eso me resultó realmente raro. Pero parece que a Benjamin le había sentado como una patada en los huevos.

-Anda, mira por dónde…¿con que estáis juntos, eh? Debía haberlo supuesto, claro…esa zorra no sabe ir a un sitio sin tirarse a nadie.-Dijo mientras reía por lo bajo.

Decidí dejarlo pasar por esta vez, aunque Emma estaba bastante enfadada.

Bajamos hasta el coche y nos encontramos con Sherry y Joahn, ambos durmiendo.

-Eh, princesas.-Dijo Tony mientras zarandeaba a Joahn.-Buena forma de vigilar el coche. Tenéis que subir y esperar arriba.

-¿Qué, qué…?-Joahn estaba algo confundido.

-Venga, venga, fuera.-Dijo Tony sacándolo del coche.-Es el piso con la puerta derribada.

Una vez hubimos sacado a los dos, nos montamos y empezamos el recorrido por la ciudad. Yo conducía, Tony estaba en el asiento del copiloto y Benjamin iba en los asientos traseros. Cuando doblamos la primera esquina, oí un ruido mecánico detrás de mí. Tony también debió de oírlo, porque miró para atrás.

-Mierda, Frank.-Dijo Tony.-Ya sabía yo que este tío nos la iba a jugar.

Y por el espejo retrovisor pude ver la cara pecosa , pálida y sonriente de Benjamin, mientras nos apuntaba con dos revólvers.

-Sahra…-Dije por lo bajo.

-Es la única fémina a la que he jurado lealtad.-Gros esbozó una sonrisa-Pues ella me ha sido fiel desde la vez primera.

-¿Qué ha sido ese disparo?-Pregunté aún perplejo.

-Verás, chico, Sahra no dispara munición balística, sino un haz de energía. Tiene una pequeña abertura trasera en la que hay que introducir sus “cargadores”, que son pilas Doble-ES, similares a las que alimentaban el prototipo a escala reducida del AV-47T.-Gros hizo una pausa.-El tambor es en realidad el mecanismo regulador.

-¿Y cómo funciona?-Inquirí.-He visto cómo lo girabas dos veces…

-Sí, así, es.-Gros me miraba fijamente.- Gíralo una posición y el arma será precisa y mortal, aunque difícilmente perforará chapados metálicos. Dos veces y no sólo será más imprecisa, sino que también verá reducido su alcance efectivo. A cambio, el disparo volará por los aires lo que toque, siempre que no sea excesivamente grande. Si giras el tambor tres posiciones, el arma no responderá y se bloqueará…es una especia de “seguro” para evitar que actives accidentalmente el cuarto modo.

-¿Y si activo el cuarto modo, qué pasaría?-Pregunté, curioso.

-Frank, te pido que sólo uses este último modo en situaciones excesivamente desfavorables en las que no tengas otra opción. Pardiez, que no es broma. Si giras cuatro veces el tambor, Sahra estará cinco segundos emitiendo un ligero sonido agudo. Una vez acabe, no habrá marcha atrás. Estará en su nivel máximo de carga. Al apretar el gatillo, el arma liberará toda la energía restante en las pilas en forma de onda y arrasará todo lo que tenga delante en una distancia de unos treinta o cuarenta metros. El arma quedará inutilizada durante los próximos cinco minutos, por lo menos, y las baterías se habrán vaciado por completo. ¿Entiendes el riesgo que encierra usarlo, me equivoco?

-Por supuesto, Gros.-Dije.-Tranquilo, le daré un buen uso.

-Confío en ti, chico.-Dijo Gros poniendo a Sahra en mis manos.

-Sé que tu destino es relevante para el destino de todos nosotros. No me preguntes cómo, pero tengo ese presentimiento.

Tras un aprentón de manos muy viril y emotivo, enfundé a Sahra en un cinturón que me proporcionó Gros, me despedí y volví con Elisa al garaje a dar las buenas noticias. Me encontré, al llegar, con que todos se habían agenciado ya un arma o dos.

-Bueno, imagino que el viejo no habrá dado permiso, ¿No Frank?.-Dijo Tony mientras me apuntaba sonriente con un fusil de asalto automático.-No me explico cómo han podido dejar todo esto aquí tirado.

Me di cuenta de que además del fusil, llevaba a la espalda colgada una escopeta de dos cañones. Joahn permanecía callado mientras examinaba una cajas a la derecha, mientras que Emma levantaba, a duras penas, un rifle de precisión.

-¿Estás segura de que puedes con eso tú sola?-Dije para picarla.-¿Has usado tan siquiera una vez uno de esos?

Emma me dirigió una mirada cargada de desdén.

-Antes de ayudar al profesor, fui enfermera en el campo de batalla, y en mis turnos libres era asignada como francotiradora. Si quisiera usar esto sólo me haría falta tener un buen ayudante.-Suspiró.-Por desgracia ninguno de vosotros me sirve. Dejó el rifle apoyado en la pared y cogió en su lugar un par de subfusiles de una caja a la derecha.

Elisa parecía fascinada y observaba las paredes repletas de armas con cierto deseo.

-Sin embargo estos me podrían servir bastante bien.-Enunció, satisfecha.

-¡Esto está listo!.-Dijo una voz conocida desde debajo del todoterreno.

Sergei apareció, lleno de suciedad, de debajo del vehículo. Ni me había dado cuenta de su presencia .

-¿Funciona ya, Sergei?.-Pregunté.

-¡Cómo si estuviese recién montado!.-Exclamó triunfal.

Probé a encender el motor; efectivamente, éste funcionaba, de modo que pisé ligeramente el acelerador para comprobar el arranque del coche. Gracias a Dios que la nave era grande. El coche pegó un acelerón, con lo que casi atropellé a Sherry. Seguí sin levantar el pie del acelerador, por algún motivo, y comencé a conducir por el recinto a una velocidad peligrosamente alta. Tras dar la vuelta, y llegando de nuevo al almacén de cosas obsoletas, tiré del freno de mano, lo que resultó en un derrape espectacular con el que casi arrollé a todos mis compañeros. Hubo un pequeño silencio.

-¡Eres un puto loco, Frank!.-Tony reía.-Maldito temerario cabrón, ¿A qué a venido eso?

-No lo sé, quería probar la potencia del coche, y se me fue un poco de las manos…-Supiré.-Bueno, será mejor que vayamos a comer y luego nos despidamos de Gros.

-Hey, chicos.-Dijo Joahn, que hasta el momento no había abierto la boca.-Mirad lo que he encontrado.

En su mano tenía lo que parecían dos granadas de fragmentación. -No sé si funcionarán aún, pero…-Comenzó Joahn.

-Te quiero, tío.-Tony parecía conmovido por el descubrimiento y parecía querer abrazar a Joahn.

-Para, qué haces.-Decía Joahn mientras apartaba a Tony.-Quita, déjame, toma las granadas anda.

Tony metió unas cuantas en una mochila y las dejó en el todoterreno para no olvidarse de llevarlas. Salimos de allí y nos dirigimos a una de las plazas donde se repartía la comida. Nos sirvieron a cada uno un plato de algo que parecía carne triturada mezclada con una salsa picante que yo era apenas capaz de meterme en la boca.

-Dios, esto está buenísimo.-Dijo Emma.-Se parece a la comida india que preparaba el profesor.

-Sí, está bastante bueno.-Añadió Joahn.

-Yo no lo trago.-Tony parecía tener un paladar similar al mío.-Pica un huevo y sabe mal.

Después de “saciarnos” de aquella masa proteínica, fuimos a despedirnos de Gros. Cuando llegamos al despacho, Gros estaba mirando por la ventana con la mirada perdida.

-Gros.-Éste pareció salir de su burbuja.-Hemos venido a despedirnos, nos marchamos en breves hacia Dishzya.

-Oh, bueno, permitidme entonces que os dé las gracias una vez más por vuestra ayuda y deciros que podéis contar con el apoyo de La Resistencia cuando lo necesitéis. Camaradas, es una pena que dejéis tan pronto mis murallas. Ha sido un placer, Frank.

Estrechamos de nuevo nuestras manos, esta vez a modo de despedida, y salimos hacia el garaje. Nada más dejar el despacho, Elisa me agarró la pierna y me hizo señas para que me bajase. En cuanto flexioné un poco la rodilla y me coloqué a su altura, me abrazó con fuerza mientras yo sonreía como un estúpido. Cuando nos separamos, un par de lágrimas rompían su expresión fría y seria.

-No me vas a dejar ir contigo, ¿me equivoco?-Preguntó Elisa.

-Sabes que no puedo, Elisa. El viaje en sí es peligroso, y si a eso le sumamos el hecho de que nos persiguen constantemente…-Respondí, con tono suave.

-No tienes que excusarte ni decirme nada de eso. Sé de sobra que no es una aventura para niños. Podría decirte que yo no soy una niña normal y corriente, pero eso ya lo sabes, de modo que…-Hizo una pausa.-Adiós, Frank.

Me dio un beso en la mejilla y se marchó corriendo hacia la salida, sin dejarme siquiera despedirme.

Alcancé al resto y nos dispusimos a partir lo antes posible. De camino nos cruzamos con los ingenieros rusos, que seguían discutiendo con el ingeniero jefe, y aproveché para pedirles unas cuantas pilas Doble-ES para Sahra, con lo que conseguí 8 recambios para el arma. Llegamos de nuevo a la sección de trastos obsoletos y nos aseguramos de coger munición y armas suficientes como para defendernos de un ejército entero. Habiendo acabado, subimos al coche y dimos la orden de que nos abrieran la puerta trasera. Media hora más tarde, ya estábamos fuera de los muros de ese zafiro nevado que era Nueva Kiev. Yo iba al volante, con Emma de copiloto. En la parte de atrás, Joahn miraba distraído por la ventana mientras que Tony y Sherry dormían a pierna suelta.

Por un momento pensé que era el hombre más afortunado del mundo por tenerlos a mi lado en un marrón como éste.

Bueno, sentimentalismos aparte, el viaje hasta Dishzya resultó bastante llevadero; con esto quiero decir que la “carretera” no estaba muy accidentada y el motor aguantó sin calarse hasta nuestro destino. Fueron 3 horas en las que casi me quedé dormido debido a la monotonía del paisaje.

Tuvimos la suerte de no encontrar vigilancia en la entrada, pues probablemente el cargamento de armas que llevábamos en el coche nos hubiera dado problemas. Al poco de entrar, Emma tomó el volante y nos condujo hasta la casa de Leonid, el amigo del profesor Raikin. Dejamos el coche aparcado en frente del edificio, con Joahn y Sherry vigilándolo, mientras que Tony, Emma y yo subimos al apartamento-laboratorio. Llamamos a la puerta varias veces, pero no hubo respuesta.

-Quizás no esté en casa.-Dijo Emma.-Será mejor que esperemos.

-No, no, aquí algo me huele a chamusquina.-Dijo Tony.-Frank, ayúdame a derribar la puerta.

-Pero…-Objetó Emma.

Hicimos caso omiso de lo que tuviera que decir, y tras varios intentos conseguimos echar la puerta abajo.

El piso-laboratorio estaba perfectamente limpio y ordenado. Registramos las habitaciones pero no encontramos rastro de Leonid. De repente, oímos un ruido proveniente de la puerta, con lo que acudimos corriendo. Un tío sonriente vestido de forma elegante estaba en el umbral de la puerta.

-Me complacería saber.-Dijo el hombre.-El motivo de vuestra presencia en mi laboratorio. Estoy seguro de que querréis explicármelo mientras discutimos en mi sala del té la indemnización por haber roto mi, uhm, puerta.

Dicho esto, se colocó bien el monóculo y se quitó el sombrero.

Desperté casi congelado, a pesar de la gruesa manta que me cubría, y miré a mi alrededor. De nuevo era yo el más madrugador, de modo que me levanté de la forma más sigilosa que pude, y tras vestirme con algo de ropa de abrigo que había en uno de los armarios, salí a buscar un medio de transporte que nos llevase a Diszhya. Lo primero que advertí en aquella azulada ciudad era la cantidad de callejones que salían al paso. Las calles estaban casi desiertas, ¿Qué hora era? Ni siquiera lo había mirado. Tras caminar un rato, llegué a una plaza, nevada, en la que había una niña de unos 12 años sentada en el único banco que parecía quedar en pie. La imité y me senté a su lado. Entonces empezaba a amanecer, y a medida que el sol iba bañando las calles, estas parecían descongelar su azul, como si un océano inundase la ciudad.

-Esta ciudad es bonita, ¿eh?-Pregunté a la chica a mi izquierda.

-Supongo-Contestó ella.

Balanceaba las piernas y tenía la mirada fija en la fuente con forma de dragón que adornaba el centro de la plaza, como esperando que de repente fuese a descongelarse o a moverse, o algo.

-¿Qué haces aquí, tan pronto?¿No deberías estar en casa? Es temprano para estar fuera.-Dije, tratando una vez más de lograr una conversación.

-…-Hizo un silencio.-Casa. Sí, podría ir a mi casa. Pero da igual, el frío es el mismo. Aunque prefiero el viento helado al frío de una casa vacía.

Comprendí lo que trataba de decir.

-¿Tus padres…?-Me dirigió una mirada significativa-Vaya, lo siento…-Me sentía mal por haber preguntado-¿Cómo te llamas?

-No lo sé. Nunca me lo han dicho-Replicó la niña.-Pero nadie tiene necesidad de usar mi nombre, así que no me lo ponen. ¿Cómo te llamas tú?

-Yo soy Frank, encantado.-Dije, antes de toser para aclarar la saliva fría en mi garganta.

-No eres de aquí, ¿Me equivoco? Tus rasgos y tu acento…Debes venir de lo que fue Alemania, ¿no?

-Muy perspicaz para tu edad, sin duda. ¿Puedo pedirte una cosa?

-Vale.-Replicó, mientras sacaba un caramelo de su bolsillo.

-¿Puedo ponerte un nombre?

-No veo por qué no.

-De acuerdo. Te llamaré…-Dije mientras miraba al cielo.-Elisa. ¿Te parece bien?

-Elisa.-Repitió en alto, mientras paseaba el caramelo por la boca.-Es bonito.

No sé por qué, pero cuando me di cuenta, estaba sonriendo. Aquella cría rubia y de ojos de color ámbar manchado de mar era interesante.

-Por cierto.-Dije.-¿No sabrás de alguien que pueda venderme un coche, o algún vehículo, verdad?-Pregunté

-No, ni idea.-Dijo.-Pero puedo ayudarte a buscar gente. No tengo nada mejor que hacer, y me caes bien.

-Como quieras.-Dije.-Aunque quizás te aburras un poco.

-Ya te digo que no tengo nada mejor que hacer.

Y dicho eso, se levantó del banco y se estiró. No era muy alta, ni muy grande en general. Decía las cosas con una indiferencia acorde al clima local, de forma fría y simple, pero de modo que se asemejaban bonitas. Estuvimos una hora y algo tratando de encontrar a alguien que me pudiese facilitar un vehículo, o información para conseguir uno, sin éxito. Después, me di cuenta de que era idiota.

-¡Soy idiota!-Exclamé

-¿Ah, sí?-Dijo Elisa con ironía.

-No había caído en que puedo preguntarle a Gros si puede, al menos, venderme alguno de sus trastos.

-¿Gros, el comandante Gros?-Dijo Elisa.

-Sí, claro, el mismo. ¿Por?-Pregunté

-¿Conoces al Comandante en persona?-Me pareció que era la primera vez que su expresión había cambiado desde que me la había encontrado.-¿Cómo es eso?

-Me colé aquí con unos amigos y bueno, tuvimos la suerte de conocerlo en persona…es una larga historia. Ya te la contaré algún día, o ya la verás escrita, quién sabe.-Dije, bromeando.

-Comprendo…¿Y para qué necesitas un vehículo?¿Para marcharte?-Esa pregunta tenía un tono tajante.-¿Vas a irte?

-Sí, claro, tengo que irme Elisa.-Dije.-Tengo asuntos pendientes fuera de aquí. Aunque me gustaría quedarme.

-Ah, vale…-Dijo Elisa.-¿Y cómo llegasteis?¿No vinisteis en coche?

-Sí, pero los dueños se quedan aquí para trabajar para la Resistencia.-Dije.-Bueno, démonos prisa, seguro que mis compañeros se estarán despertando y preguntando por mí.

Al cabo de un rato llegamos a los cuarteles. Los guardias se pusieron un poco tontos, pero les enseñé un pase especial que nos había dado Gros por si queríamos acceder al edificio. Llegué al despacho de Gros y lo vi revisando unos papeles.

-¡Buenos días, compañero!-Dijo Gros con buen humor-¿Qué te trae en tan temprana hora a mi despacho?-Hizo una pausa y reparó en Elisa-¿Y quién viene a ser esta muchacha?

-Hey, Gros-Dije-Es una amiga. Venía para ver si podías prestarme, o al menos venderme algún vehículo. Teníamos planeado partir hoy, pero no tenemos medio de transporte.

-Mmm…-Se levantó, mientras miraba al techo con expresión pensativa.-No nos sobra la maquinaria, desde luego, pero me parece que tenemos un transporte algo obsoleto que no utilizamos. No tienes que darme nada a cambio, por supuesto.

-Bueno, me serviría cualquier cosa.-Dije-¿Dónde está?

-En los garajes, pardiez. Saluda a Petrov y Sergei de mi parte, yo me hallo algo ocupado…los garajes los encontraréis a la derecha según salís de mi despacho, todo recto.-Dijo Gros.

-¡Genial! Gracias por la ayuda. Vamos, Elisa.-Dije

Estaba inmóvil contemplando con ojos maravillados a Gros, como si fuera la misma imagen de Dios lo que veían sus ojos.

-Sí, sí…vamos…-Dijo con parsimonia.

Nos fuimos hacia los garajes y de nuevo tuve que mostrarle mi pase a unos cuantos guardias pesados que encontré por el camino. Una vez allí, me propuse buscar a los científicos. Lo encontré hablando con el ingeniero jefe.

-No, no, esta pieza no es convencional, no pueden simplemente coger una de otra máquina…por el amor de Dios, Petrov, dile tú que hay que fabricar piezas nuevas, porque parece que a mi no me escucha.-Decía Sergei con tono de pesadez.-¡Hola, Frank!-Dijo al verme.

-¿Cómo va eso?-Dije-Oye, venía a buscar una especie de coche obsoleto, o algo así. ¿Alguno de vosotros sabe algo?

-Ah, ve hacia el fondo a la izquierda,-Dijo el ingeniero jefe señalando hacia su derecha.-Allí guardamos los trastos viejos.

Me dirigí hacia el fondo, donde había toda clase de armas que a mi parecer pertenecían a la historia. Sin embargo, me planteé llevarme alguna, ya que no les daban uso. Seguí mirando hasta que encontré lo que buscaba. ¿Qué mejor vehículo para cruzar la nevada Tierra Negra que un todoterreno militar de hace 20 años? Si bien habéis captado mi ironía, en realidad he de decir que no estaba tan mal, con respecto a mis expectativas. Me monté en él para probar su comodidad, su espacio, y esas cosas, cuando vi la llave en el contacto. La tentación fue superior a mí y puse mis dedos sobre ella para poner en marcha el vehículo. Por supuesto, cuando lo hice, nada sucedió. Gasolina congelada, falta de batería…a saber. Aquello necesitaba una puesta a punto antes de irnos a recorrer la estepa en su interior. Volví a junto de los rusos y les pedí que se ocuparan de él si les sobraba algo de tiempo, a lo que me respondieron que lo arreglarían en cuanto solucionasen sus “diferencias” con el ingeniero jefe. Volví a casa acompañado de Elisa, que no había dicho nada desde que había visto a Gros.

Cuando llegué, siendo ya casi las 2 de la tarde, no me sorprendió ver a Tony aún dormido, mientras que los demás estaban a lo suyo.

-¡Frank!-Dijo Emma.-Es de mala educación desaparecer sin avisar.

-Perdón, perdón…-Repliqué.-Fui a hacer recados, y he conseguido algo con lo que ir hasta Dishzya.

-¿Y esta niña?-Preguntó Joahn

-Una amiga que he hecho por el camino.-Le puse la mano sobre la cabeza.-Debería presentaros. Elisa, ese de ahí es Joahn, el que está allí dormido es Tony, la cosa que descansa a su lado es Sherry, y esta es Emma.

-Encantada.-Dijo Elisa.

-Igualmente.-Respondió Emma.

-Un placer.-Dijo Joahn.

-Grrrroooank.-Tony emitió un ronquido algo extraño.

-¿Dijiste que habías conseguido un coche?-Dijo Emma.

-Sí, un viejo todoterreno militar, algo cascado…pero bueno, le he dicho a Petrov y Sergei que lo ajusten un poco.-Dije.-Y también había armas. Quizás nos podamos llevar alguna.

Tony se despertó y se quitó las legañas, mientras apartaba a Terry de encima de sus piernas.

-Dios, cojones, hace un frío que te congela hasta la cera de los oídos…-Dijo desperezándose, y acto seguido posó la mirada en Elisa.-¿De dónde ha salido esta cría?

-Es Elisa, una amiga.-Abrevié yo.-Venga, poneos ropa decente y preparaos, habrá que comer algo. ¿Dónde se puede comer por aquí?-Pregunté a Elisa.

-La comida se raciona y se reparte en las plazas.-Respondió.-Como en la que estaba yo.

-Bueno, pues vamos para allá, y veremos si después ya está listo nuestro “carruaje real”.-Sugerí.

-Qué…¿Qué me he perdido?.-Dijo Tony, confuso

-Abrígate, anda, y ya te lo explicamos por el camino.-Dijo Emma.

Yo recogí mi único equipaje, el pedazo de Bioáxel y pensé en dónde guardarlo.No podía dejar que Gros se diese cuenta de que lo llevaba encima, y en aquella chaqueta abultaba demasiado.

Pero se me ocurrió una idea. Corté el pedazo en dos mitades, que quedaron aproximadamente del tamaño de dos medias narajas grandes, y de forma irregular. Luego ordené a mi cachivache cambiante que los recubriese y los hiciera parecer unos cascos de DJ, bastante horteras, debido al color dorado-anaranjado del aparato, pero convincentes.

Salimos a comer algo a la plaza, donde nos dieron un poco de sucedáneo de carne y pan de celulosa blanda. Después de devorar la comida fuimos a comprobar los progresos en el todoterreno. Los mecánicos estaban trabajando en él, pero por lo visto aún le faltaba un rato. Nos fuimos a la sección de armas obsoletas, sobre la que Tony había puesto el ojo desde que habíamos entrado por la puerta.

-Cuanta preciosidad suelta hay por aquí…-Dijo Tony.-¿Quién os dejó tiradas, hermosas?

-Me pregunto si aún funciona alguna de estas.-Dijo Joahn señalando a los revólvers.

-En cualquier caso, tendré que pedirle permiso a Gros.-Dije.-Quedaos curioseando, pero procurad no romper nada, voy a hablar con él.

Partí hacia el despacho del comandante, con Elisa pegada a mí, y lo encontré mirando por la ventana.

-¿Interrumpo?-Pregunté

-¡Ah, no!-Dijo mientras se volvía.-¿Has hablado con los muchachos del garaje?

-Sí, ya he encontrado el vehículo, pero nos ha llamado la atención un montón de armas que tenéis por allí sin usar, y me preguntaba si podríamos coger alguna.

-Por supuesto, amigo, cualquier favor es poco para compensaros el habernos traído a Petrov y Sergei sanos y salvos.

-Bueno, en realidad…-Dije-Bueno, da igual. Mil gracias, Gros.

Me disponía a irme cuando sentí una fuerte mano que me retenía.

-Un momento, Frank, tengo algo para ti.-Dijo Gros.-Si vas a tener que batirte en duelo o confiarle a un arma tu vida, quiero hacerte poseedor de ésta.

Desenfundó su revólver azulado y me lo puso en la mano. Era mucho más ligero de lo que aparentaba.

-Gros, no puedo aceptarlo, parece un arma muy especial como para-

-Pamplinas, jovenzuelo.-Me interrumpió Gros.-La palabrería déjamela a mí. Cuídala, porque ella te aseguro que nunca te fallará.

-Vaya, Gros…no sé como agradecértelo.-Examiné el arma.-Un momento, ¿Qué munición usa?

-Ya veo que te has dado cuenta- Efectivamente, los huecos del tambor están carentes de balas porque no son para guardar balas. No emplea munición convencional, Frank, déjame mostrarte su empleo.

Gros cogió el arma, giró el tambor dos posiciones a la derecha y disparó a la lámpara de su escritorio, que se rompió en pedacitos y saltó por los aires. Sin embargo, el disparo había sido algo extraño. No había hecho el clásico sonido de explosión que produce la munición detonante. Había sido más bien un sonido vacío y chirriante.

-¿Qué demonios?-Dije.

Elisa estaba agarrada a mi pierna, asustada.

-Amigo, déjeme que le presente a Sahra.-Dijo Gros con una sonrisa

Mi nombre es Franklin Düstler. Nací un 29 de octubre, hace 26 años, en la región por aquel entonces conocida como Alemania. Vine al mundo en el seno de Glish, una ciudad enferma y al borde del colapso, con una familia de ingresos medios-bajos que no podía garantizarme el poder irme de aquel basurero. Hasta los 3 años me crié en mi casa, aislado del exterior, como quizás siempre debió ser. A partir de esa edad comencé a ir a la escuela. Desde ese punto, mi inocencia se fue perdiendo gradual, pero rápidamente, hasta que ya rozando los 10 años tenía clara una cosa: en aquella ciudad imperaba la ley del más fuerte. En ese período de tiempo ocurrieron hechos trascendentales no sólo para mi evolución, sino para la historia de la humanidad. Cuando sólo tenía 5 años estalló lo que más tarde se conocería como la Guerra de División, o como otros prefirieron llamarla, 3ª Guerra Mundial. Mi padre fue reclutado, y cuando se marchó con lágrimas resbalándole por sus mejillas, siempre mal afeitadas, mi madre y yo supimos que no lo volveríamos a ver. Dos años después casi se había terminado la construcción de los “muros mercúricos” (que ahora rodean el 90% de las ciudades del mundo) que se suponía, defenderían la ciudad de radiaciones, armas biológicas y demás. Sin duda fueron eficaces, pero alimentaron aún más la podredumbre de mi ciudad, aislándola de las demás y convirtiéndola en la capital de la corrupción y de la delincuencia, donde la falta de atención del Gobierno derivada de la guerra fue un fertilizante para que mafias y bandas germinaran sin problemas en un suelo tan bien preparado como lo era mi lugar de nacimiento. Desde aquel día, pasó a llamarse Rottentown, porque realmente así la veíamos: podrida, muerta. Desde los 7 a los 10 fui víctima contante de burlas y maltratos en la escuela, debido a mi claustrofobia y a razones que aún hoy en día no entiendo. El ser humano es cruel, no cabe duda.

Pero también en ese período conocí a los que serían mis mejores amigos: Ton Holzfäller y Áxarel, un huérfano proveniente de Oriente medio. . Tony era un chico bastante fuerte (y eso era algo que podía sacarme de muchos aprietos), con una inteligencia más que notable y con un carácter agresivo, con toques de locura, lo que mantenía alejados a la mayoría de los tipos que buscaban pelea. En resumen, él fue mi cascarón, que me protegió mientras yo maduraba y me daba cuenta de que aquello se regía por unas leyes ajenas a los políticos. O mordías o eras mordido. O asaltabas o eras asaltado. Matar o morir. Y por desgracia, en todos esos casos podían suceder ambas cosas. Por otra parte Áxarel era bastante débil, pero contaba con una mente prodigiosa. A pesar de dormirse en las clases y de no acudir a los exámenes, construía robots, investigaba y experimentaba por su cuenta. Muchas veces llegaba a clase con algún tipo de instrumento musical y se ponía a tocar, por lo que no sólo faltaba mucho a clase, sino que cuando venía, era expulsado. Nunca supe de dónde sacaba todos sus conocimientos.

Pasados los 10 años, Tony, Áxarel y yo éramos inseparables. Nuestras formas de ser frisaban como piezas de un mismo puzzle. Tony era fuerte, mañoso y tenía mucho carisma. Áxarel era un prodigio y tenía un don para la química. Os estaréis preguntando qué pintaba yo allí, si con ellos dos la cosa estaba arreglada. Y eso mismo pensaba yo muy a menudo. Pues veréis, por lo visto yo tenía algo que ellos dos no tenían: suerte. Y no me refiero a buena suerte, no; yo tenía una cualidad especial para hacer que todo saliera muy bien o muy mal, el don de la casualidad. Admito que las más veces salía bien, pero no puedo olvidar otras tantas que fueron una catástrofe. Además de eso, tenía capacidad de planificación y organización, y siempre me gustaba tener las cosas en su sitio. Siempre era el que estaba en todo. Al llegar a los 15 mi madre murió de un infarto, según me dijeron los médicos, y mi casa se convirtió en mi refugio personal. Heredé el sueldo de mi padre(que, se supone, seguía vivo en la guerra) y con eso me pagaba la comida y las cosas básicas.

Permanecí así un año hasta que Tony y Áxarel se vinieron a vivir conmigo. Tony se llevaba muy mal con sus padres y se había hecho narcotraficante, con lo que ganaba bastante dinero. Áxarel vivía en un orfanato, así que me comprometí a mantenerle junto con Tony. Estábamos todos juntos, y parecía que nada podía separarnos. Yo había dejado la escuela y me había hecho un hueco entre los malos de la ciudad; me dedicaba a ir por la ahí haciendo de intermediario entre algunas mafias y bandas callejeras, y con ello me ganaba un poco de respeto y dinero extra. Tony iba bien con el negocio del Oxidross, una nueva droga recién sintetizada, y hasta tenía su laboratorio montado en mi casa. Áxarel se dedicaba a experimentar y a investigar por su cuenta por la ciudad. Normalmente por el día no nos veíamos demasiado, así que a la noche(si ninguno tenía algo importante que hacer) hablábamos de nuestros días y compartíamos historias. Todo siguió así durante muchos años, con algunos incidentes de por medio y algunos malos tragos, pero siempre manteniéndonos a flote en aquel pantano.

En 5 años, Tony era casi un magnate y tenía contactos en toda Rottentown, y también fuera. Áxarel había vendido unos prototipos de nuevos autómatas y había investigado mucho sobre las drogas, aprovechando que tenía el laboratorio de Tony, y podía pagarse sus investigaciones. Yo, por mi parte, había sido “ascendido” y me encargaba de gestionar el trabajo sucio de los jefes. Así fue como, al cabo de un tiempo, empecé a saber todo lo que pasaba en la ciudad. Ya teníamos 21, y la guerra había acabado. A los 23 Tony se había vuelto adicto al oxidross, pero no era nada que le arruinase la vida, y Áxarel nos estuvo hablando a finales de año de una nueva droga o algo así…algo llamado “el Ácido” según había escuchado entre los rumores. Yo no tenía constancia de que nada así existiera, al menos para los peces gordos, así que lo tomé por una mera habladuría. Al año siguiente Áxarel estuvo muy ocupado y casi no vino por casa. Cuando venía, lo único que decía era que tenía que conseguir el Ácido como fuese, y que ya le quedaba poco para tener un poco. Fue entonces cuando empecé a ver en los archivos y en los círculos de las mafias algo llamado “Ácido de Bioáxel”. No había información, sólo el nombre circulaba por ahí. Al acabar el año todos querían el Ácido, se hablaba de un posible vendedor, pero nadie sabía quién era ni dónde vivía ni nada. Áxarel ya había vuelto a sus actividades normales, pero seguía haciendo cosas raras y redactando hojas y hojas que guardaba bajo llave cada noche. Tony cada vez recibía material más extraño y yo era un recadero para asuntos de diplomacia y cosas importantes.Nos acercamos al presente, ya teníamos 25 tacos. Y fue a esa edad cuando sucedió.

A mediados de marzo Áxarel nos empezó a decir que había encontrado a alguien que tenía el Bioáxel y que había experimentado con él. Nos dijo que el ácido era muy peligroso si caía en manos ajenas y que eso debía ser impedido a toda costa. Yo, en los rumores callejeros no encontré nada de eso, todos seguían preguntándose por el misterioso personaje. Un mes después, Áxarel nos dijo que el que llevaba la mercancía estaría el año que viene por estas fechas en la ciudad, cosa que yo también sabía por la mafia. El 24 de abril de ese mismo mes, llegé a la sede, como siempre, y me puse a ver qué se cocía. Oí a alguien decir: “Por lo visto los peces gordos van a pillar esa cosa para el año…el Bioáxel, por fin. Y por lo visto hay un tío que se les ha puesto en medio, creo que van a liquidarlo, jajajaja.” Una corazonada me decía lo peor. De todos modos me quedé hasta recibir un encargo-una excusa para irme-y salí disparado hacia nuestro piso. No, no podía ser que fuera él…sería demasiada coincidencia…

Y cuando llegué allí, no tuve palabras. Áxarel estaba sentado contra una pared, acribillado y cabizbajo, como un cuerpo que se resgina a morir sin ganas. Lloré, puedo decirlo, junto a su cadáver, unas 3 horas, lamentando mi estupidez y maldiciendo a los que hasta ahora habían sido mis compañeros de profesión. Me di cuenta de que nadie estaba a salvo; ni siquiera yo si llegaban a saber que estaba relacionado con él. Llamé a Tony y le pedí que viniera. Cuando llegó le expliqué todo y estuvimos un rato solos en el piso, pensando. Más tarde, cuando nos decidimos a llevarlo a enterrar, nos dimos cuenta de que había algo en su mano. Lo había agarrado fuerte, como si no quisiera que se lo arrebatasen. Era la llave del cajón donde guardaba todos sus archivos. Fuimos a revisarlos, y entre ellos descubrimos que últimamente le seguía la pista a Anaximandro, uno de mis jefes, con el que Tony había trabajado alguna vez. Debía estar bajo el mando de Demócrito, uno de los cuatro jefazos que llevaban la ciudad, según tenía entendido. La venganza afloró en mí y en Tony como una mala hierba y creció hasta convertirse en una maleza que lo ofuscaba todo. Sólo concluímos en que los jefes debía pagar por aquello. Enterramos a Áxarel y volvimos al piso.

Encontramos su nota de despedida. En ella decía que el Bioáxel había dejado de producirse. El último y mayor de los pedazos lo tendría el contacto el año siguiente, y nos pedía que evitásemos que cayese en manos de los jefazos. Durante casi un año estuvimos planeando nuestra dulce venganza. Nadie esperaba algo así, y eso jugó a nuestro favor, supongo. Así que al año siguiente, en febrero, cogimos a Anaximandro, lo matamos de un tiro en la nuca, al puro estilo ejecución, y después incineramos su cadáver hasta que estuvo irreconocible. No nos trajo de vuelta a Áxarel, ¿verdad? Pero sí nos hizo sentir mejor. Pero aún quedaba algo. Pronto llegaría el contacto. Áxarel nos había encomendado una misión que nos contaría la vida, posiblemente. Pero no tenía nada que perder, al fin y al cabo. No quise planearlo. Por los rumores supe que sería en Slaughter Street, número 121, onceavo piso. ¿Onceavo? Dios, 11 pisos por las escaleras serían muchos. A Tony le dije que lo olvidase, que no lo haríamos. Él no tenía porqué verse implicado, podría seguir con su vida. Y yo tendría que huír.

14 de abril de 2154.

No sabía por qué había accedido a hacer aquello. ¡Joder! Aquel era un sitio de mala muerte y yo no tenía ganas de aguantar a los toxicómanos erráticos que vagaban por las calles. Al fin encontré el portal. Slaughter Street, nº 121. Inspiré hondo y confíe, una vez más, en mi suerte.

Una vez hubimos salido de la ciudad nos dirigimos al Este, hacia Kiev. Nos quedaba de camino a Dishzya, donde se supone, debíamos reunirnos con el amigo del profesor.

-Desde que arrasaron la vieja Kiev y fundaron la nueva en el Este…ha habido problemas. Estúpidos amarillos.-Dijo Petrov.

-¿No fue esa la causa de la Guerra de División?-Pregunté

-Sí, bueno, fue uno de los desencadenantes…junto con espionaje, boicots, y algún atentado.-Respondió Sergei, que iba al volante.-Y lo único que hubo después fue muerte y miseria. La Legión Roja no dejaba piedra sobre piedra…

-Y ahora, el NLO se rebela contra los rojos.-Dijo Petrov.-Esos amarillos, ni azules ni rojos, todos son la misma mierda.

-Y pensar que sólo la Nueva Unión Federal Alemana, Nueva España y los Reinos del Norte han tenido huevos a oponerse a los Chinos…¡Quién lo diría!-Dijo Tony mientras sonreía.-Bueno, por no hablar de Sudamérica…las FLAG putean a los invasores como quieren…

-Por cierto, ¿cuál es esa arma de la que hablabais?-Pregunté.

-Ah…el AV-47T-Dijo Petrov.-Es…bueno, permitidme que os la enseñe.

Petrov abrió el maletín. Dentro había una bola del tamaño de una pelota de golf. Su superficie era lisa y completamente negra, y no parecía tener aberturas o botones.

-Es…¿Esa bola?-Preguntó Tony, algo decepcionado.

-Esta bola, querido amigo-Dijo Sergei.-Es la mayor obra de ingeniería que ahora mismo existe en este planeta. Yo mismo la construí, y me levó un año y 3 meses acabar esa maravilla.

-Este diseño es el modelo en minitaura del Tanque “Vacío de Área”, modelo 47-Dijo Petrov mientras hacía un símbolo con una aguja sobre la pelota.-Observad.

El artefacto se desplegó y adoptó la forma de un tanque, con su parte inferior curvada, una especie de cañón en la parte superior cubierto por dos placas y en general, con unas aristas cóncavas acabadas en afilados vértices que levitaba sobre la mano de Petrov. Éste hizo un gesto con su otra mano y el chisme bajó por su cuerpo hasta el suelo y llegó al hombro de Tony.

-¡Quítamelo, me hace cosquillas!-Dijo Tony, mientras se golpeaba, como queriendo derribar al pequeño objeto.-¿Esto es todo lo que sabe hacer? Vaya mierda.

Entonces, Petrov hizo otro gesto, esta vez con el dedo índice, señalando hacia una lámpara que había a mi lado. El cañón del tanque en miniatura comenzó a emitir una luz oscura, que más que brillar parecía absorber la luz, y de repente se vio, durante un instante, una pequeña línea, como una telaraña a contraluz, viajar hasta la lámpara.

-¡Joder!-gritó Tony al ver que el chisme pegaba una pequeña sacudida.

-¡Joder!-grité yo, asustado al ver la reacción.

La lámpara comenzó a contraerse bruscamente, rompiéndose y comprimiéndose hasta alcanzar la forma y el tamaño original del tanque. Una esfera perfecta y lisa. También pude observar que faltaba un poco de madera de la mesa en donde estaba antes la lámpara.

-¡Ja, ja, ja!-Rió Sergei.-Tranquilo, chico. Ya ha parado.

-Como veis-explicaba Petrov-La destrucción es completa. El AV-47T crea un centro de gravedad proporcional a la masa del radio designado y atrae y comprime todo en ese radio hasta que llega a su límite. Da igual si el enemigo es blindado, indestructible, o inmortal.-Joahn pareció estremecerse.-¡Esta arma lo dejará reducido a una bola. Este efecto dura aproximadamente media hora, lo que tarda el gravitón en perder su energía, pero el daño ya está hecho.

-Es increíble…-Dijo Emma, que miraba por la ventana.-La Tierra Negra, nevada…es un contraste tan bonito…

-Y, ¿qué energía usa este tanque?-Preguntó Joahn.

-El prototipo usa pilas Doble-ES. Pero los diseños a escala real tendrían que usar pequeños reactores nucleares.-Dijo Petrov.-Hemos corregido la inestabilidad, no hay riesgo de radiación o explosión, además de optimizar la distribución de la energía, que se redirige sólo a donde hace falta, de modo que…Ah, cierto, no os lo he comentado, pero…Frank, intenta atacarlo, lánzale algo.

No estaba seguro, pero cogí un abrecartas que había encima de una mesila y se lo lancé. Mi proyectil iba directo hacia él, pero ni se movió. Cuando se supone que debería haberlo golpeado, el abrecartas recibió una descarga que pareció salida de la nada y salió repelido, no muy lejos.

-¿Que ha sido…eso?-Dijo Tony

-A eso me refería. El AV-47T lleva incorporado un sistema de escudos electromagnéticos que repelen todo aquello que tenga la más mínima partícula de material conductor. Está diseñado para que nada ni nadie se acerque a él si no quiere.-Dijo Petrov mientras chasqueaba los dedos.-Vamos, vuelve con papá.

El tanque se deslizó hasta el maletín y se volvió de nuevo una esfera perfecta, mientras yo lo contemplaba, como un niño contempla el juguete que quiere que le regalen por Navidad. Sin embargo había algo que me desconcertaba. El sistema de optimización de energía, que redistribuía la energía a donde hiciera falta…pensé en la pulsera, que se había alisado para que yo me pudiera poner el frac. El que la creó…y aquella nota que habíamos encontrado…aún no confiaba en ello.

-Eh, chicos.-Dijo Sergei.-Kiev está aún a unos cuántos kilómetros. Podéis dormir si queréis, ya os aviso cuando lleguemos.

-Creí que eras más insensato, ario.-Dijo Tony.-Pero creo que te haré caso.

Todos más o menos hicieron lo que Tony y se echaron en los cómodos sofás del vehículo. Sin embargo yo no podía dormir, el cacharro de mi muñeca y el Bioáxel me tenían muy preocupados…¿Y si descubrían que lo llevaba encima? Me remangué y vi que la pulsera había cambiado de brazo sin que yo me hubiera dado cuenta, de modo que ahora estaba en el izquierdo. Si aquella cosa sacaba la energía de algo que tuviese dentro, tendría que ser un líquido o algo parecido…que se adaptase a la forma, vamos.

Estuve contemplando el paisaje durante un rato. Aquí la Tierra Negra no hacía ni mucho menos honor a su nombre. En algunas ocasiones me pareció ver en medio de la ventisca, algún animal o ser vivo moviéndose, pero no le dí demasiada importancia. Al cabo de un rato, me asaltó el sueño y caí rendido.

-Hey…¡Frank!¡Despierta, vago!

Era Emma, que me despertaba en voz baja.

-Nos estamos acercando a Kiev, y hay que activar la invisibilidad. Me han dicho que te diga que es importante que te muevas lo menos posible. Si no, podría fallar.-Dijo Emma.

-Vale…pero…¿Por qué no nos pueden ver…?-Dije, aún adormilado.

-No lo sé, tú limítate a quedarte quieto.

Sentía como nos movíamos lentamente, y todo el mundo estaba expectante y en tensión. Pasó un rato así cuando de repente nos detuvimos en seco.

-¿Qué pasa, camarada?-Dijo Petrov.

-Nos han visto.-Respondió Sergei, impasible.

A todos se nos heló la sangre.

-¡Era broma, idiota!-dijo Sergei-Ya estamos dentro.

Bajamos del vehículo. Estábamos en un callejón, entre paredes de lo que parecía una piedra azulada y metálica. Me di cuenta de que parecíamos una panda de locos: Yo vestido de frac, Emma con su vestido rojo, Joahn de traje y Tony como un mayordomo. Y para colmo esos dos rusos con pinta de científicos locos y ropas gruesas y desprendiendo un fuerte olor a alcohol.

-Y…¿ahora qué?-Pregunté, curioso.

-Debemos hablar con el líder rebelde. Para ello habrá que colarse en su Centro de Reuniones; si se lo pedimos por las buenas no nos dejarán pasar.-Dijo Petrov

-Además, no llevamos el sello, así que si nos paran por parecer sospechosos, probablemente nos ejecuten.-Aclaró Sergei.

Yo seguía fascinado con el color metálico-azulado de la ciudad. Imaginé que desde el cielo se vería como un zafiro, si no estuviera tan nevada.

-Podríamos hacernos invisibles, pero tendríamos que desnudarnos, y no creo que sea manera de presentarse ante un líder…-Dijo Petrov.-Pero se me ocurre una idea…

Realmente la idea no era mala, pero no me acababa de convencer aquello.

-¡Eh, camaradas!-Gritó Petrov a los guardias de la sede.-¡Abrid paso!¡traemos a unos tipos que andaban merodeando…¡El jefe decidirá su destino!

Sergei nos llevaba atados y amagaba de vez en cuando un golpe.

-Vaya, vaya…parecen adinerados, estos cerdos-Dijo uno de los guardias.

-Deben estar podridos, sin duda-Dijo Petrov.-Y ahora, camaradas, ¿Nos dejáis pasar? Llevo prisa.

-Oh, no te preocupes, nosotros personalmente los llevaremos ante Gros.-Dijo el de la izquierda.

Oh no. Aquello iba mal.

-No importa, camarada, ya me encargo…-Intentó disimular Petrov.

-Déjalo, nosotros nos encargamos. Vete, vamos.-Dijo el guarida más a la derecha.

-Pero…-Petrov ya no sabía qué decir.

Entonces vi en la cara de Sergei un destello de locura.

-No…yo quiero verlos…quiero verlos sufrir…¡Morir a manos de nuestro comandante!-Dijo con una voz que casi me hizo estremecer, a pesar de saber de la farsa.

Los guardias se sorprendieron, sin saber bien qué hacer.

-De acuerdo, pero os acompañaremos…y tú…el que lleva los rehenes…tranquilo.-Dijo el guardia izquierdo.

Avanzamos por un pasillo bastante amplio del mismo azul que el exterior. A los lados había puertas rotas o cerradas, y de algunas salían algunos gemidos débiles. Yo procuré meterme en mi papel y seguí caminando cabizbajo.

Llegamos a una antesala no muy grande con una doble puerta metálica. Los guardias llamaron y se escuchó un golpe. Entonces abrieron cada uno uno de los lados de la puerta, revelando una especie de despacho, o más bien, sala de operaciones. De pie, un individuo sostenía algo con una mano. Era…aquello era, sin duda un pedazo de Bioáxel. Enseguida se lo guardó en el peto de la chaqueta.

-¡Pardiez, subordinados!¿Por qué se me interrumnpe mientras estoy inmerso en mis cavilaciones?-Gritó el hombre.

-Co-comandante, he aquí unos…hombres que dicen traerle…-Empezó uno de los guardias.

-¡Esfumaos de mi rango de visión, si no queréis de mi arma un tiro en vuestro cráneo!-Volvió a gritar el hombre.

-S-s-sí, comandante Gros.

Ambos guardias se fueron corriendo y cerraron las puertas tras de sí.

-Perdonad mi rudeza, apuesto a que esos retrógados que tengo por guardia personal no les hayan importunado lo más mínimo…¿Qué queréis, compatriotas?-Dijo Gros.

-Señor, en realidad, estos presos que se supone que le traíamos…son amigos, comandante.-Dijo Petrov.-Y los que les escoltamos somos científicos…con ayuda que puede interesarle.

Hubo un silencio incómodo y largo. Se oía la ventisca silbar afuera, entre las calles, como tocando una gigantesca armónica.

-¿Estáis diciendo que no sois miembros de la Resistencia?-Dijo Gros con voz calmada.

-No señor, pero la apoyamos.-Dijo Sergei.-¡Permítanos ayudarle para poder derrotar a los amarillos!

Gros sacó su arma. Era un revólver verdaderamente precioso, con detalles en hierro, y pintado del azul cobalto que impregnaba aquel lugar.

-Podría mataros ahora mismo. Debería hacerlo. Si me dais una razón para que detenga mi dedo al apretar el gatillo, viviréis, de lo contrario, atravesaré vuestros pechos hasta que la última gota de sangre se halle fuera de vuestras venas.

Era la oportunidad. Más vale que le convenciera la idea.

Sergei nos liberó y Petrov tomó el maletín que llevaba Tony, que contenía el prototipo.

-Es el diseño de un arma, Gros. Se trata de un tanque, pero que no precisa de conductor alguno y se maneja mediante sencillas órdenes por voz. Quiero que compruebe su poder destructivo.-Dijo Petrov.

El ruso repitió el procedimiento que había hecho en el coche, y esta vez apuntó a una planta en la esquina de la habitación. El vegetal y la maceta no tardaron apenas en convertirse en una esfera superdensa. Gros miraba con ojos como platos a la bola, que iba rodando hacia nosotros lentamente.

-El efecto dura media hora pero…-Dijo Petrov.

-¡Es magnífico!-exclamó el comandante.

-Ehm…sí, eso.-Acabó Petrov.

-No sé de dónde han salido, amigos. Pero sepan vuesas mercedes que si han venido para traernos este invento, son bien recibidos por mí y por mi gente.-Dijo Gros.-Realmente debéis haber sido enviados por el destino; gracias a vuestra ayuda podremos hacerles frente a esos…permítanme el vulgarismo…cabrones amarillos.

-Es un placer ser de ayuda, señor.-Dijeron Petrov y Sergei a la par.

Bien, lo habíamos conseguido. Gracias a Dios, no me hubiera gustado ser pasto de gusanos…de todos modos seguía pensando en el fragmento de Bioáxel de aquel tío. Preferí callarme para evitar cualquier problema. Si aquel tío tenía Bioáxel, no importaba si era de los buenos o los malos o de los del medio, buscaría más.

Petrov y Sergei se quedaron hablando con Gros sobre el AV47-T, mientras que nosotros éramos destinados a una casa en la que pasaríamos la noche antes de salir a la mañana siguiente hacia Dishzya. Ya era bastante tarde-el viaje nos había llevado varias horas-pero aún demasiado pronto para irse a dormir. Emma y yo dimos un paseo por la ciudad observando a la gente y en general, cómo se las apañaban. Eran bastante pobres, pero parecía que el comandante qse encargaba de que cada uno tuviese su techo, su comida diaria y una cama, o un amago de cama. Joahn y Tony se quedaron en el piso que se nos asignó, jugando a las cartas con Sherry, que, por lo visto, era todo un prodigio.

-Emma, ¿Qué piensas de todo esto?-Le pregunté en el camino de vuelta al piso.

-¿”Todo esto”?.-Preguntó en respuesta.

-Sí. Escapar, jugarte el pellejo, y todo eso. Sólo porque yo haya robado algo que ni siquiera sé para qué sirve.-Dije yo.

-Frank, te quiero. Iré a donde tú vayas, no importa el peligro. y eso es lo único que me importa.-Respondió.-Aunque algún día tendrás que contarme por qué lo hiciste.

No dijimos más, tan sólo volvimos a casa en silencio y arropados por la nieve.

En casa, Joahn estaba despierto, tocando su flauta, mientras Tony y Sherry dormían.

-¿Deberías dejarles dormir, no crees?-Sugerí.

-No importa, es imposible que se despierten si toco en esta frecuencia.-Dijo él.

No entendí bien eso pero no quise preguntar.

-En fin, sólo espero que no me despiertes. Buenas noches Joahn.-Dije mientras me metía en la rudimentaria cama.-Buenas noches Emma.

-Buenas noches cielo…mañana será otro largo día.-Respondió, antes de cerrar los ojos.

Ciertamente…¿Por qué había empezado todo aquello? Realmente había una razón. Una razón que muchos considerarían estúpida. Pero una razón que para mí significaba más que unas simples palabras de promesa.

Cuando desperté y miré la hora en el reloj del hotel me quedé atónito: ¿Qué hacía yo despierto a las 6 de la mañana después de una noche como aquella? Supongo que mi cuerpo se había acostumbrado a la amenaza constante y a dormir lo menos posible, economizando las horas de sueño. Me puse mi frac y bajé al comedor del hotel. Cuando llegué, todo estaba en silencio, y en la ventana sólo se veía nieve caer. En una de las mesas había un hombre muy enjuto dormido, con un maletín negro, y a su lado estaba sentado un hombre algo más corpulento(aunque no mucho más) con cara de preocupación. Miró el reloj dos veces mientras lo observaba al caminar. Me serví en la barra un desayuno decente a base de leche sintética y cereales y me senté en una mesa algo alejada a la suya. Realmente tenían una pinta muy sospechosa. Ambos vestían con un grueso abrigo de sylvax y gorros de lo que parecía piel(aunque sería falsa). De todos modos decidí seguir desayunando tranquilo, ignorando su presencia.

Sin embargo, al cabo de 5 minutos sentí un toque en la espalda. Al volverme me encontré al hombre de antes, al más corpulento.

-¿Podrías vigilar un momento a mi amigo?-Dijo con un fuerte acento el hombre-Se ha pasado con la bebida y tengo un asunto importante que atender…¿Me haría ese favor? Volveré en apenas 10 minutos.

-Em…sí, claro.-Dije yo mirando para el borracho, que aún se aferraba al maletín.

-Muchas gracias, le estoy muy agradecido por su ayuda.-Dijo

Entonces intentó arrebatarle a su acompañante el maletín, pero éste, despertando de su letargo, no parecía dispuesto a dáselo.

-¡No!¡Canallas!¡Ya les he dicho que el AV-47 no está en venta!¡Ayuda!-Dijo el borracho, también con acento.

-¡Petrov, soy yo, tranquilo,!¡Y dame el maletín!-Dijo el acompañante mientras se lo quitaba de las manos.

-¿Sergei?¡Oh camarada, menos mal que eres tú!Han venido unos tipos y querían…

-Sí, Petrov, claro.-Interrumpió el tal Sergei.-Ahora vuelvo.

Y salió de la estancia con la maleta.

-Aaaay, Sergei, tú no sabes el esfuerzo que he puesto en esa arma…¡Nadie debe tenerla!¡Es demasiado eficaz!-Dijo Petrov agarrándome.

-¡Eh. oiga, yo..!

No me dejó acabar.

-Sergei, camarada, tenemos que llevarlo a Kiev cuanto antes…no queda mucho tiempo hasta que esos cerdos chinos tomen la Resistencia de la ciudad ¡Con nuestra ayuda podrán combatir a esos bastardos amarillos!-Dijo el hombre.

No dije nada, me quedé expectante.

-Amigo, los dos sabemos que si eso cae en manos de quien no debe, habrá una catástrofe…una terrible masacre. Los del NLO saben de su existencia, pero la RF aún no saben nada. Hay que andarse con cuidado, Sergei, muchos codician esos planos…

Entonces el verdadero Sergei volvió con el maletín.

-Vamos, Petrov, hemos de partir.-Dijo el hombre.-Muechas gracias de nuevo, amigo, que haya suerte.

-De nada, igualmente…-Dije yo.

Los dos se marcharon, con el borracho gritándole algo en otro idioma a su amigo. Cuando miré a su mesa vi algo que se les debía de haber caído: Un papel.

Fui hasta allí y lo leí. Bueno, lo intenté, porque al parecer estaba en ruso, y no entendía nada. Me fui a mi mesa con él y Tony y Joahn entraron por la puerta.

-¡Hey Frank!¿Y tú madrugando?-Dijo Tony

-No sé, me he despertado por mi cuenta y no podía dormir.-Respondí.

-Ya veo…yo tampoco he dormido muy bien-Dijo Joahn.

-Eh,¿Y Emma?-Preguntó Tony

-Sigue dormida…debía de estar muy cansada y…-Dije.

Justo en ese momento Emma entró por la puerta.

-Buenos días chicos…-Dijo somnolienta.

-Vaya, parece que hoy a todos nos da por madrugar.-Dije yo.

Todos fueron a por el desayuno y nos sentamos a hablar.

-Emma, aún no nos has contado cómo escapaste de allí.-Dijo Tony

-¡Cierto! Fue muy simple.-Dijo con un aire de superioridad.-Los instintos básicos de esos inútiles salen a la superficie con extrema facilidad, así que sólo tuve que provocarlos un poco y aprovechar eso en mi favor.

Le dirijí una mirada censuradora.

-Tranquilo, cariño, no he hecho nada con esos cerdos.-Dijo poniendo una sonrisa y besándome en la mejilla.

-Bueno-Dijo Joahn.-Entonces,¿Quién gobierna esta región de la UDC?

-Esta parte pertenece a la Red Faction, más conocida como la RF.-Dijo Emma.-Son, básicamente, los que quieren seguir con el sistema comunista en la UDC.

-Psé, se irá a pique, otra vez…-Dijo Tony.

-¿Entonces corremos peligro?-Pregunté.

-Tan sólo debemos ser civilizados e inclinarnos ante los carteles de su Dictador.-Emma hizo un gesto de disgusto.-Con eso no nos meteran en el paredón.

Acabamos de desayunar y fuimos a recoger nuestras cosas. Salimos del edificio; todo estaba nevado, y ademas hacía un frío polar. Las 7 de la mañana en lo que fue Rusia del Norte. Empezaba a amanecer.

Buscamos un supermercado y compramos provisiones para 3 días. Con eso confiábamos poder llegar a otra ciudad, y volver a reabastecernos allí. Había policía por todas partes, y todos nos miraban mal.

-¿No sería más fácil encontrar a alguien que nos alquilase su coche?-Dijo Tony al salir del supermercado.-Llegaríamos antes, y no pasaríamos frío.

-Este frío es el problema. Los motores de deuterio no funcionan bajo esta temperatura y los caminos están helados.-Dijo Emma.

-…Yo siempre fui partidario de la idea de conservar los motores de combustión.-Dijo Tony.-”Salvemos el planeta, salvemos el planeta…”¡Y ya ves, qué bien lo han dejado!¡Mucho mejor, desde luego!

-En ese caso…-empecé a decir yo.

De repente un coche cruzó a toda velocidad por delante de nosotros, perseguido por la policía.

-¿No decías que no funcionaban?-Dije yo.

Dispararon a las ruedas y el vehículo volteó, frenando así la escapada. Los polis abrieron el transporte pero al parecer no había nadie. Qué raro…no parecía haber posibilidad de escapar de esa situación. Sin embargo encontraron prendas, con identificaciones.

-¡Petrov Strogoff y Sergei Blavonic!¡Eran ellos de nuevo!-Dijo el inspector.

Un momento. ¿Podía ser eso posible…?¿O una mera coincidencia…?

Ignoramos el altercado y seguimos nuestra marcha hacia las puertas de la ciudad. Ya eran las 11 y el sol, a pesar de estar en su punto más alto, no se dejaba ver debido a la espesa neblina que cubría la ciudad y que apenas dejaba traslucir algo de luz. A medida que nos acercábamos al extremo de la ciudad la niebla se espesaba, hasta que apenas pudimos ver al que teníamos al lado. Anduvimos con cuidado y nos topamos con una puerta relativamente pequeña y metálica, como una valla. La atravesamos y llegamos a una especia de antesala con una puerta gigantesta, que posiblemente llevaba al exterior, completamente vacía, con sólo un autómata para regular la apertura o cierre de las puertas.

-Pst…por aquí-Dijo una voz familiar

Miramos pero no había nadie.

-Aquí…-Se volvió a oír.

De repente me fijé a nuestra derecha, tras un sofá. Había unas gafas suspendidas en el aire.

-¿Pero qué…?-Dije.

De repente, y para mi sorpresa, un hombre desnudo se reveló tras el sofá. Sólo veía su mitad superior, y era suficiente. Era Petrov, el hombre del comedor. Su esmirriado y pálido cuerpo, como si de un gusano se tratara, daba mucha grima.

-No se asuste, amigo, no le haré nada malo. Necesito ayuda. Estaba antes cuando nos perseguían y estuvo conmigo en el comedor del hotel, ¿no es así?-Dijo el hombre.-Tengo algo que buscan desesperadamente y no deben coger por el bien de la humanidad. Por favor entiéndalo, ayúdenos.

-¿Hablas en plural?-Dije.-¿Y Sergei?

-Ha ido a por algo de ropa. Teníamos un respuesto en la maleta.-Dijo Petrov.-¿Me ayudarás, entonces?

-No fío de él, Frank.-Dijo Emma.

-A mi me parece inofensivo.-Dijo Joahn.-No tiene armas y por no tener, no tiene ni ropa.

-Sé lo que es cargar con la responsabilidad de algo tan serio.-Dije.-Te ayudaré mientras lo considere necesario o seguro. En el momento en el que me deis razones para dudar, os mataré.

-¡Por supuesto que no os traicionaré!¡Soy ruso!-Dijo Petrov.-Por cierto, mi nombre es Petrov Strogoff, camaradas.

Los demás saludaron y se presentaron, sin dar muchos detalles. En esto llegó Sergei con los ropajes. Los eslavos se vistieron rápidamente.

-Bueno vámonos.-se calló, pues parecía no haber percibido nuestra presencia hasta ese mometo.-¿Quiénes son estos?

-¡Tranquilo, Sergei!-Dijo el raquítico.-Son nuestros amigos, nos van a ayudar.

-¡Alabado sea el Kremlin!¿Habláis enserio? Os lo agradezco mucho, de veras.-Dijo Sergei.-Permitidme presentarme, soy Sergei Blavonic, compañero de trabajo de Petrov.

-¡En efecto! Y yo soy ingeniero. He diseñado muchos más artilugios además de este dispositivo de invisibilidad.-Dijo Petrov señalando a su dedo anular, concretamente a un anillo.-Pero mi última invención…es un arma. Un arma tan destructiva y poderosa que la adquisición de ella por parte de cualquier organización o gobierno causaría una masacre de dimensiones desproporcionadas. Y ese es mi secreto, tras el que corren todas las grandes facciones.

-Ya me enseñarás ese juguetito…-Dijo Tony.-Apuesto a que podremos compartir experiencias armamentísticas.

-Entonces, ¿nos vamos con estos a la próxima ciudad?-Dijo Emma.

-Ése era nuestro plan…si ellos se apuntan…-Dije yo.

-Nosotros necesitamos huír.-Dijo Sergei.-Nos vale cualquier cosa.

-Entonces os venís.-Dijo Joahn.-Genial, más a bordo. Y más piernas cansadas que alimentar.

-Cierto…espero que estéis dispuestos a caminar, porque nos espera un largo camino a pie.-Dijo Tony.

-¿Estáis locos?-Dijo Petrov.-No sobreviviríais ni diez minutos en la Tierra Negra. Ahí fuera baja de los cuarenta bajo cero.

-Mierda, entonces habrá que buscar otro modo.-Dije.

-Podemos usar mi coche.-Dijo Sergei.

-¿No era aquel que destruyó la policía?-Dije.

-Ese era el mío.-Dijo Petrov.-Sucios bastardos,¡Ahí dentro iba todo mi vodka!

-El mío está en un garaje a apenas 1 kilómetro de aquí.-Dijo

-Será mejor que vayamos yendo.-Dije.

Salimos de allí, y todos fuimos caminando en silencio. A mitad de camino Emma habló.

-¿Oye…como podéis hacer funcionar los coches con este frío y las carreteras cortadas?-Dijo Emma

-¡Ah, ya lo veréis amigos!¡Este no es un coche convencional, ni mucho menos! Lo hemos mejorado y adaptado a este clima.

Al cabo de 20 minutos llegamos al garaje. Sergei abrió la puerta con una llave magnética. Cuando lo hizo, me quedé de piedra. Ante mí se hallaba un vehículo que más que un coche parecía un tanque. Era enorme, con el parachoques en pico y muy bajo para apartar la nieve y los obstáculos. Era completamente blanco y precioso, con unas curvas perfectas, casi tanto como las de Emma.

-¿Bonito, eh?-Dijo Petrov.-Por eso siempre usamos el mío. Los hacemos funcionar con un sistema de calefacción nuclear situado en la base del coche.

Todos nos subimos. Era muy espacioso, como una especie de sala pequeña con sillones acolchados y calefacción, y hasta tenía nevera.

-Esto está casi mejor que la suite del hotel…joder-Dijo Tony silbando de admiración.

-Poneos cómodos, camaradas.-Dijo Sergei arrancando el motor con una llave antigua-Comenzamos el viaje.

Empezamos a avanzar arrollando la nieve y los escombros. Salimos por la puerta de antes, la del Este, usando una identificación falsa que logró engañarlos. El viaje comenzaba, y yo estaba impaciente por llegar a la siguiente ciudad. Kiev, hogar de la Resistencia.

Nos encontrábamos en medio del comedor, rodeados de muertos y bastante desconcertados por la aparición de Emma. El primero en hablar fue Tony.

-Con vuestro permiso, yo voy a pillar armas y balas de estos tipos…-Dijo con voz cansada.-Joder, han dado mucha guerra.

Se hizo un silencio y Tony se puso a la faena.

-¿Así que vosotros tenéis el pedazo de Dios?-Dijo Joahn.-¿Lo tuvisteis desde el principio y no me lo dijisteis?-Por su tono parecía como herido o traicionado.

-Lo siento Joahn, sé que debimos contártelo pero eras un desconocido y no podíamos fiarnos de ti…supongo que lo entiendes-Traté de justificarme.

-¿Y ahora tampoco confiáis en mí o qué?-Me reprochó Joahn.

Iba a disculparme de nuevo pero Emma intervino.

-No sé quien eres, pero si estos dos te han elegido para luchar a su lado, confían en ti más que en sí mismos-Dijo ella.-Así que no les eches en cara su estupidez, no les gusta que se lo echen en cara…-Dijo guiñándome un ojo.

-No importa, os perdono.-Dijo Joahn.-Supongo que no podíais arriesgaros tanto.

Sherry parecía feliz y lleno de vida, literalmente, su espolón semejaba estar completamente a rebosar y brillaba con una tenue luz amarilla. Se acercó a nosotros y se subió a la espalda de Joahn.

-¡Vaya vaya, parece que ha habido unas cuantas incorporaciones mientras yo no estaba! Yo soy Emma, encantada.-Dijo Emma.

-Yo soy Joahn Blanc, el placer es mutuo.-Dijo Joahn.-Éste es Sherry, un Souler que esos dos chalados consiguieron sacar del “lado oscuro”.

Sherry sonrió y saltó de los hombros de Joahn para seguir correteando por el suelo.

-Ahí donde le ves tiene conciencia humana.-Dije yo-Sólo que su mente ha estado tan maltratada que a veces se comporta como un niño o inlcuso diría que un animal. Por cierto ,no te lo ha dicho, pero Joahn es un Arcángel…

-¿Cómo? Vaya, quién lo diría…-Dijo ella, sorprendida.

-Hablando de eso, necesito agua.-Dijo Joahn.-Pronto tendré que recuperarme.

Tony acabó con su labor de recolección y nos dirigimos, una vez más, al spa.

Nos dimos un baño, aunque yo estaba separado de Joahn y Tony, pues me encontraba en otro baño con Emma disfrutando una vez más de su maravilloso cuerpo.

Fuimos a la habitación y pensamos en que sería lo siguiente que haríamos.

-Anaximandro ya ha visto de lo que somos capaces. Volverá, y lo hará con más gente mejor preparada.-Dije yo.

-Sí, hay que irse de aquí cuanto antes.-Dijo Tony.-Este ya no es un lugar seguro.

Joahn estaba tumbado boca arriba en el suelo, mirando al techo, pensativo.

-¿En qué piensas, tío?-Dijo Tony.

-Nada, nada. Recordaba viejos tiempos.-Respondió él.

-Yo también echo de menos la Tierra como lo era antes. No recuerdo mucho, pues tendría unos 5 años…-Dijo Emma.-Pero recuerdo poder tomar el Sol, la playa…era genial.

-Y después, la Guerra de División…-Dijo Tony-Lo dejaron todo muerto con su arsenal atómico y sus armas biológicas.

-¿De qué región eras tú, Joahn?-Pregunté.-Antes de la Guerra, claro…

-Yo…yo…no lo recuerdo. Soy de Scibily, pues soy un Arcángel,¿A que región corresponde?-Respondió

-La Antigua Alemania. De la zona del Norte.-Dijo Emma.-De hecho ahora mismo nos encontramos a apenas 100 kilómetros de ella. Quizás uno de estos días podamos hacerles una visita.

-¿Os dais cuenta…?-Dije, pensativo.

-¿De qué, cabrón?-Dijo Tony dándome una palmada y sentándose a mi lado en la cama.

-De que hemos perdido nuestra vida. Ya no podremos seguir con nuestras antiguas vidas y tendremos que dedicarnos a huír el resto de nuestros días.-Dije de un tirón.

-…Bueno, mi antigua vida no era precisamente lo mejor.-Dijo Joahn.-Esto es más emocionante. Además, me sirve como experiencia espiritual…he entrado en contacto con alguien que posee un pedazo de Dios, y eso ha merecido todo lo que he pasado…

-La mía tampoco era un jardín del Edén.-Dijo Emma.-Y no digamos la de Sherry.-Dijo señalando al Souler, que estaba acariciándose el espolón.

-¿Y la nuestra Frank? ¿Era mucho mejor? Perdí mi negocio dejando esa ciudad pero oye, no había colegas de verdad tío.-Dijo Tony.-Esto es adrenalina pura.-Y soltó una carcajada.

-Supongo…-Dije resignado.-Entonces, ¿hacia dónde nos dirigimos?

-Deberíamos ir al Este.-Dijo Emma.-El doctor mantenía correspondencia con un amigo suyo en la ciudad de Вукаяф, así que quizás él sepa qué hacer con el ácido.

-¿A cuánto está eso de aquí?-Preguntó Joahn.

-A unos…1700 kilómetros.-Respondió Emma.

-…

Se hizo un silencio general.

-Planeas andar 1700 kilómetros.-Dijo Tony.-Quieres…¿Quieres que te traiga un té?¿Estás bien?

-¡Por supuesto que estoy bien!-Dijo Emma, ofendida.-Podemos adelantar unos cuantos kilómetros por REO, aproximadamente la mitad, pero en la frontera de la Unión Democrática China debemos detenernos.

-¿Vamos a tener que atravesar la UDC? ¿Estás bien, seguro?-Repitió Tony con sarcasmo.-En medio de una guerra civil y nosotros por allí en medio…¡Lo que faltaba!

-¿No decías que querías emoción?-Dijo Joahn.-Ahí la tienes. Por mí, vamos.

-Quiero emoción, no una muerte segura.-Hizo una pausa.-Claro, como tú eres inmortal…-Tony parecía dudoso.-Aunque sería una nueva experiencia.

-No tenemos alternativa.-Dije.-Hay que partir.

Tony puso una mueca de aceptación y se levantó.

-¡Pues nos vamos!.-Dijo animado.

Cogimos comida abundante y reunimos todo lo que nos quedaba. 1000 tarks…aún era bastante. Sobraría de comprar el billete como para ir comiendo.

-Antes de partir-Dijo Emma-debéis cambiaros la ropa. Sois demasiado sospechosos.

-¿Y tú no?-Dije

-¿Es que no te gusta mi traje, Frank…?-Dijo mientras se desabrochaba un botón del cuello.

-Eh..no…no…no es eso..-Balbucí

-Perfecto, entonces cambiaos.-Dijo sonriente.

Nos llevó hasta lo que parecía ser la oficina de un oficial y allí buscamos ropa. Yo encontré un frac de mi talla, Joahn un esmoquin y Tony un traje de mayordomo.

-Esto es ridículo.-Dijo Tony.

-¿Bromeas? ¡Es perfecto! Parecemos un grupo burgués. Así entraremos en cualquier sitio.-Dijo Emma.

-Mmm…-Dijo Joahn.

-¿Qué pasa?-Pregunté

-Me parece que se os olvida algo.-Dijo él.-¿Y Sherry?

Joder, Sherry no iba a ser fácil de camuflar.

-Tendremos que meterlo en una maleta.-Dijo Emma.-Es mediano, cabrá en esta de aquí.-Y sacó de un armario una bolsa de viaje enorme, con espacio como para 2 personas.

-¿Qué demonios…?-Dije yo-En fin, mételo y vámonos.

Cogimos nuestras cosas y metimos a Sherry en la maleta. No le gustó pareció gustarle mucho la idea, pero al final accedió.

Salimos a la calle. Era de noche. Caminamos hasta la estación evitando pandilleros y drogadictos por las sinuosas calles de aquella ciudad. Al fin llegamos, tras no mucho caminar, a la estación, que estaba bastante vacía. Fuimos hasta la oficina de venta.

-Hola,¿Qué desean?-Dijo el recepcionista.

-Querríamos 4 billetes hasta Dishzya.-Dijo Joahn.

-Por supuesto, ¿me puede dar un nombre, señor?-Dijo el empleado.

-…Saza Stanic.-Dije yo.

-Excelente…-Dijo el hombre.-Un momento…¿Stanic, ha dicho?

-Sí.-Dije con firmeza.

-¡Mil perdones, señor! ¡Ignoraba que fueran familiares del dueño! Viajarán gratis, por supuesto. ¿Y qué les lleva hasta la UDC?

-Asuntos privados.-Dijo Tony

-Oh, lo siento…por supuesto…-Dijo avergonzado el hombre.-Pasen al andén, les traeré un Klitch privado.

El empleado se marchó hasta la sala de máquinas.

-¿Como sabías lo del apellido?-Dijo Emma

-¿Cómo? No tenía ni puta idea. Dije lo primero que se me vino a la mente.-Respondí.

-Pues vaya suerte que te gastas.-Dijo Joahn.-Debe ser el traje.

El hombre volvió con una llave dorada. Al instante una Cápsula de Transporte enorme apareció. El empleado la abrió y nos metimos dentro.

-¡Que tengan buen viaje!-Dijo sonriente el empleado.

-Gracias.-Dijo Emma cerrando la puerta.-Qué pesado.

Iniciamos la travesía. Por el camino vi los paisajes de la Tierra Negra, tan cambiantes. A medida que avanzábamos iba palideciendo y helándose el paisaje. Dormimos hasta que llegamos.

El Klitch se paró.

-¿Ya llegamos?-Dijo Tony desperezándose.-Con el sueño que estaba teniendo…había tantas armas…

Bajamos del vehículo y me maldije por no haber cogido una chaqueta. Había ventisca y helaba.

-Menos mal que me ocupé de coger esto-Dijo Emma sacando unos abrigos de Doble pseudo-piel.

Gracias a dios, alguien usaba el cerebro entre nosotros.

Sherry salió de la maleta y no pareció afectarse por el frío.

-¿Estos bichos tienen frío?-Dijo Tony señalando a Sherry

-No, su cuerpo se adapta a las temperaturas extremas.-Dijo Emma.-El profesor pensó en investigar eso.

-En fin, será mejor que pasemos la noche aquí.-Dije yo.

Todos estuvieron de acuerdo.

Buscamos un hotel y tras media hora encontramos uno bastante decente. Alquilamos dos habitaciones, una para Tony, Frank y Sherry y otra para mí y Emma…¿En qué estaría pensando Emma cuando las alquiló? No podía tener ganas, con este frío…

Nos fuimos a la habitación. Ellos roncaban al cabo de media hora, y nosotros…bueno, más que roncar, sudábamos. Mi piel recorrió su caliente carne buscando cobijo para el frío, un lugar donde refugiarme dentro de ella, abrazándola y lamiendo su cuerpo con frenesí. Dos horas después, caí rendido y me dormí.

Quedaba mucho por hacer al día siguiente.

 

No teníamos mucho material con el que preparar trampas o armas.

Disponíamos de una R7 con la mitad de un cargador como arma de fuego, aquella cosa en mi muñeca que ni siquiera sabíamos cómo usar y la inmortalidad temporal de Joahn. No parecía que tuviésemos muchas posibilidades.

Tras un rato callados en la habitación, pensando cada uno en cómo podíamos hacerle frente a Anaximandro, rompí el silencio.

-¿Y si buscamos en las habitaciones?-Sugerí.-Al fin y al cabo es donde encontré esta cosa.

-No es mala idea.-Dijo Tony-En cualquier caso tendríamos que dividirnos.

-Si, para acabar antes, claro.-Dije.-Está bien, hagámoslo. Yo miraré de la 101 a la 300, tú Tony, mira de la 301 a la 500 y Joahn y Sherry miraréis de la 501 a la 700.¿Todo claro?

-Sí, todo claro.-Dijo Joahn.

-Bien, vamos pues. Llévate tú la R7, Tony.-Dije.-Muchas puertas estarán cerradas, pero no os esforcéis más de lo necesario en abrirlas o derribarlas; el tiempo vuela.

Nos dividimos y comenzamos a buscar.

Desde la 101 a la 150 conseguí abrir 31 habitaciones, y todas eran exactamente iguales. Por supuesto, no había nada interesante. Hasta la 200 no conseguí abrir ninguna. Al llegar a la 300 el recuento de habitaciones abiertas era de 54. Ni una con algo útil. Miré la hora en uno de los relojes del inmenso pasillo. Las 10. Faltaba poco. De camino a nuestra habitación me encontré que Tony había conseguido abrir bastante habitaciones, y una de las que estaban cerradas llamó especialmente mi atención. Habitación 323. Al lado del marco había un grabado de un ojo abierto muy rudimentario. Sin embargo me inquietaba mucho…así que decidí abrir la puerta. Al principio probé a forzarla, pero no funcionó(aunque si eso sirviera, ya la habría abierto Tony). Mmmm…¿Y si…?

Probé a usar la cosa de mi muñeca. Le ordené mentalmente que se transformase en una palanca. No funcionó. De repente, me hallé gritándole que lo hiciera. No funcionó y me sentí ridículo. Entonces mi cerebro comenzó a dolerme de una manera inimaginable, y vi como la cosa de mi muñeca se transformaba en una alargada palanca. De repente, el dolor cesó y la pulsera volvió a su forma original.¿Qué acababa de pasar? Había visto como aquello se transformaba, ¿porqué volvía a su forma original? Quizás si…

Imaginé con todas las fuerzas que pude que en mi mano tenía una palanca. Mis ojos me traicionaban y me decían que allí no había ninguna palanca. Entonces los cerré y sentí la palanca en mi mano. Cuando los abrí, allí estaba. Una palanca encadenada a mi muñeca, pero una palanca rígida y que parecía muy resistente. Abrí la puerta y volvió a su forma original. Mmm…interesante.

En la habitación no encontré nada, por mucho que busqué, pero había encontrado algo mucho más interesante: la manera de hacer que funcionara aquella cosa.

Cuando llegué a la habitación, todos estaban allí. Joahn había encontrado varias armas blancas y bebidas alcohólicas, Tony había encontrado unas cuantas antorchas de gas, extintores y gas lacrimógeno en una sala de mantenimiento.

-Bueno, tenemos algo más.-Dijo Tony.-Quizás podamos hacer algo con todo esto…Dime Joahn. ¿De qué graduación son las bebidas?

-¿Planeas emborracharte? Ni lo sueñes, no vas a pelear borracho.-Contestó Joahn.

-¡Claro que no, capullo! Déjame ver.-Dijo Tony mientras le arrebataba las botellas a Joahn.-…70…83…muy altas.

-¿Quién bebería eso…?-Dije.

-Frank, amigo mío, tengo una idea. Pero sólo tenemos media hora, así que hay que hacerlo cagando leches, ¿me oyes?-Dijo Tony.

-De acuerdo. ¿De qué se trata?-Dije.

-Mira, con estas antorchas y estas bebidas…bueno, digamos que trabajar con drogas lo enseña a uno a extraer cosas ilegales de cosas legales. Con este alcohol y un poco de gas podemos obtener Steranol. Es un material muy inflamable, arde a temperatura ambiente. Pero tenemos nitrógeno líquido para refrigerarlo…podemos hacer algo parecido a granadas. ¿Lo vas pillando?

-Vaya genio.-Dijo Joahn.-Tendrían que enseñarme a hacer esas cosas.

Nos pusimos manos a la obra. En 10 minutos obtuvimos el Steranol. Lo mantuvimos en nitrógeno líquido mientras preparábamos unas latas y envases de cristal al vacío. Introdujimos el Steranol y pusimos una capa refrigerante con plástico aislante. Era muy, muy casero y si alguna fallaba podía hacernos daño, pero era nuestra mejor baza. El funcionamiento era sencillo: Con las latas, retirabas el aislante y las arrojabas; no tardarían más de 10 segundos en calentarse y explotar. Con los botes de cristal era…menos complicado aún. Era cuestión de arrojar el bote. Listo. El líquido se evaporaría y ardería, sin explotar. Algo así como un proyectil incendiario.

Sin embargo, no sabíamos siquiera que traería Anaximandro, si vendría solo o no…aquello tenía muchas posibilidades de salir mal.

Las 11. Hora de la cita.

Fuimos hasta el comedor, pero no había nadie. Las 11 y cinco minutos. Comprobé que la puerta del comedor estaba cerrada con llave, no queríamos más de esos Soulers molestando. 11 y diez. ¿Era posible que se estuviera retrasando?

Entonces, al más puro estilo de Anaximandro, una bola entró por la ventana y se apareció un holograma.

-Buenas noches, mucachos.¡Oh vaya, uno nuevo!-Dijo mirando a Joahn.-Hola, encantado, yo soy Anaximandro.

-¡Cállate, joder!-Dije-¿Dónde está Emma?

-…Tú siempre tan maleducado, chico.-Dijo Anaximandro.

-Anax, sin rodeos.-Dijo Tony.-¿Dónde esta la chica?

-Oh, ella está bien, tranquilos. Yo pregunto…¿dónde está mi Bioáxel?

-…-Dudé en sacarlo pero finalmente lo hice.-Aquí lo tienes.

Joahn se quedó pasmado.

-Eso….eso es….-Dijo tartamudeando.

-Mmm…parece que le falta una minúscula parte.-Puso cara de falsa decepción.-Aaay pillines…

Me contuve por no destrozar la bola.

-Bien, depositad el ácido al lado de la bola y yo os entregaré a la chica-Dijo Anaximandro.

-¡Ni de coña me voy a fiar de tu palabra!-Dije.-¡No juegues con esto, cabrón!

-Bueno, en ese caso, parece que tendré que entrar a recoger lo que es mío.-Dijo cabreado.

-Le tenemos donde queríamos.-Dijo Tony.

Se apagaron las luces. Entró por la amplia ventana una sombra y así como aterrizó se precipitó hacia nosotros.

-¡Cuidado!-Dije

Me aparté en el momento justo en el que un cuchillo se dirigía hacia mi garganta. Tony disparó hacia la sombra, pero esta se retiró y se cubrió tras un dispensador de bebidas.

-Ríndete Anax.-Dijo Tony.-¡Te tenemos!

Observé que Joahn estaba cubierto detrás de Tony y Sherry realizando su ritual de inmortalidad. De repente ví de nuevo el fulgor y el vapor rojo. En esta situación llevábamos la ventaja.

-Jajajajaja…

Era una risa pausada y cargada de soberbia. Y provenía de…¡Detrás de nosotros!

Instintivamente corrí hacia ellos y me interpuse entre el atacante y mis amigos. Era el fin, me iba a alcanzar y yo no estaba ni siquiera en guardia. Entonces cerré los ojos y me cubrí con los brazos.

Pero lo único que sentí fue un sonido metálico. Abrí los ojos y me encontré que la pulsera era una especie de escudo muy fino que nos rodeaba. Nuestro atacante se retiraba hacia una esquina. Su arma, un cuchillo de filo candente(llamados así porque su hoja alcanza los 2000º centígrados) yacía en el suelo.

-Así que…nanotecnología…interesante. No sé de donde la habréis sacado, pero también me voy a quedar con ella.-Dijo la sombra.

La luces volvieron, y vimos que efectivamente, la sombra era Anaximandro. ¿Cómo podía ser alguien de su complexión tan ágil?

-Preparaos a morir.-Dijo con desdén.

Cinco soldados más entraron por la ventana, esta vez con armas de fuego. Tony no les dio tiempo a hacer nada y arrojó dos granadas de Steranol en lata. Los cinco quedaron despedazados y Anaximandro se quedó sorprendido. Más soldados empezaron a entrar por el ventanal. Eran demasiados. Tony agotó las granadas pero seguían viniendo. Morían y morían pero no parecían tener fin. Tony empezó a disparar con la R7 y a usar los botes de cristal, y aquello empezó a llenarse de humo y llamas. Dejé de distinguir las siluetas. La situación era muy peligrosa para todos. Transformé mi nanochisme en una especie de ventilador-sonará vulgar, pero me resultó muy útil- y dispersé el humo a mi alrededor. Pude ver a Joahn peleando cuerpo a cuerpo con los soldados a pesar de ser acribillado por las balas. Tony disparaba a bocajarro contra lo primero que veía, y Sherry estaba detrás de él. Entonces vi a mi derecha algo moviéndose. Me giré y paré el filo del cuchillo a escasos centímetros de mi cara con la pulsera transformada en un filo. Ni siquiera lo había pensado, pero se había transformado. Liberé el bloqueo y esquivé la cuchillada, pero un segundo cuchillo apareció de sabe dios donde dirigiéndose a mi estómago. De nuevo mi artilugio me salvó la vida y formó una placa en mi vientre impidiendo a la hoja atravesarme. Esto hizo que Anaximandro perdiera el equilibrio. Era mi oportunidad. El chisme volvió a mi mano y se transformó en un revólver.

-Es tu hora, mamonazo…por fin.-Dije

Anaximandro sonrió.

Apreté el gatillo, pero fue muy rápido y sólo le alcancé en el brazo. Se levantó, pero cuando quise apuntarle de nuevo había desaparecido entre el humo, que empezaba a disiparse. Tony estaba sin balas, y habían cesado los tiros. Joahn estaba sentado, descansando, rodeado de muertos. Los que estaban inconscientes fueron rematados por Sherry.

-Mierda…mierda…¡MIERDA!-Comencé a gritar-¡Lo tenía en mis manos y se me escapó, joder!

-Tranquilo Frank, yo no hay…-Dijo Tony

-Ya no hay esperanzas, Tony. Eso no hay.-Dije.

Tony bajó la cabeza.

-La matará, sabes bien como yo que la matará.-Dije.

De repente, un soldado entró por la ventana. Joahn corrió hacia él y se dispuso a romperle el cuello, pero Sherry le clavó el espolón para detenerlo.

-¡Sherry!-¡¿Qué demonios haces?!-Preguntó Joahn.

Sherry miraba atento al soldado. Éste se quitó la máscara y el casco.

Era…¿Emma?

-Emma…eres…eres…-Tartamudeé yo.

Corrió hacia mí y me besó, y con eso supe que era ella.

Ninguno entendimos que acababa de pasar, pero a mí me daba igual. Ella estaba conmigo.

-Los soldados de Anaximandro son muy primitivos, y eso jugó a mi favor. Ya os lo explicaré luego. Se quitó el uniforme y comprobé que debajo llevaba su precioso vestido rojo. Cómo me alegré de ver de nuevo esa prenda.

De todos modos esto no había hecho más que empezar. Yo sólo lo intuía, pero de aquí en adelante los problemas firían en aumento a una velocidad vertiginosa.