Una vez hubimos salido de la ciudad nos dirigimos al Este, hacia Kiev. Nos quedaba de camino a Dishzya, donde se supone, debíamos reunirnos con el amigo del profesor.
-Desde que arrasaron la vieja Kiev y fundaron la nueva en el Este…ha habido problemas. Estúpidos amarillos.-Dijo Petrov.
-¿No fue esa la causa de la Guerra de División?-Pregunté
-Sí, bueno, fue uno de los desencadenantes…junto con espionaje, boicots, y algún atentado.-Respondió Sergei, que iba al volante.-Y lo único que hubo después fue muerte y miseria. La Legión Roja no dejaba piedra sobre piedra…
-Y ahora, el NLO se rebela contra los rojos.-Dijo Petrov.-Esos amarillos, ni azules ni rojos, todos son la misma mierda.
-Y pensar que sólo la Nueva Unión Federal Alemana, Nueva España y los Reinos del Norte han tenido huevos a oponerse a los Chinos…¡Quién lo diría!-Dijo Tony mientras sonreía.-Bueno, por no hablar de Sudamérica…las FLAG putean a los invasores como quieren…
-Por cierto, ¿cuál es esa arma de la que hablabais?-Pregunté.
-Ah…el AV-47T-Dijo Petrov.-Es…bueno, permitidme que os la enseñe.
Petrov abrió el maletín. Dentro había una bola del tamaño de una pelota de golf. Su superficie era lisa y completamente negra, y no parecía tener aberturas o botones.
-Es…¿Esa bola?-Preguntó Tony, algo decepcionado.
-Esta bola, querido amigo-Dijo Sergei.-Es la mayor obra de ingeniería que ahora mismo existe en este planeta. Yo mismo la construí, y me levó un año y 3 meses acabar esa maravilla.
-Este diseño es el modelo en minitaura del Tanque “Vacío de Área”, modelo 47-Dijo Petrov mientras hacía un símbolo con una aguja sobre la pelota.-Observad.
El artefacto se desplegó y adoptó la forma de un tanque, con su parte inferior curvada, una especie de cañón en la parte superior cubierto por dos placas y en general, con unas aristas cóncavas acabadas en afilados vértices que levitaba sobre la mano de Petrov. Éste hizo un gesto con su otra mano y el chisme bajó por su cuerpo hasta el suelo y llegó al hombro de Tony.
-¡Quítamelo, me hace cosquillas!-Dijo Tony, mientras se golpeaba, como queriendo derribar al pequeño objeto.-¿Esto es todo lo que sabe hacer? Vaya mierda.
Entonces, Petrov hizo otro gesto, esta vez con el dedo índice, señalando hacia una lámpara que había a mi lado. El cañón del tanque en miniatura comenzó a emitir una luz oscura, que más que brillar parecía absorber la luz, y de repente se vio, durante un instante, una pequeña línea, como una telaraña a contraluz, viajar hasta la lámpara.
-¡Joder!-gritó Tony al ver que el chisme pegaba una pequeña sacudida.
-¡Joder!-grité yo, asustado al ver la reacción.
La lámpara comenzó a contraerse bruscamente, rompiéndose y comprimiéndose hasta alcanzar la forma y el tamaño original del tanque. Una esfera perfecta y lisa. También pude observar que faltaba un poco de madera de la mesa en donde estaba antes la lámpara.
-¡Ja, ja, ja!-Rió Sergei.-Tranquilo, chico. Ya ha parado.
-Como veis-explicaba Petrov-La destrucción es completa. El AV-47T crea un centro de gravedad proporcional a la masa del radio designado y atrae y comprime todo en ese radio hasta que llega a su límite. Da igual si el enemigo es blindado, indestructible, o inmortal.-Joahn pareció estremecerse.-¡Esta arma lo dejará reducido a una bola. Este efecto dura aproximadamente media hora, lo que tarda el gravitón en perder su energía, pero el daño ya está hecho.
-Es increíble…-Dijo Emma, que miraba por la ventana.-La Tierra Negra, nevada…es un contraste tan bonito…
-Y, ¿qué energía usa este tanque?-Preguntó Joahn.
-El prototipo usa pilas Doble-ES. Pero los diseños a escala real tendrían que usar pequeños reactores nucleares.-Dijo Petrov.-Hemos corregido la inestabilidad, no hay riesgo de radiación o explosión, además de optimizar la distribución de la energía, que se redirige sólo a donde hace falta, de modo que…Ah, cierto, no os lo he comentado, pero…Frank, intenta atacarlo, lánzale algo.
No estaba seguro, pero cogí un abrecartas que había encima de una mesila y se lo lancé. Mi proyectil iba directo hacia él, pero ni se movió. Cuando se supone que debería haberlo golpeado, el abrecartas recibió una descarga que pareció salida de la nada y salió repelido, no muy lejos.
-¿Que ha sido…eso?-Dijo Tony
-A eso me refería. El AV-47T lleva incorporado un sistema de escudos electromagnéticos que repelen todo aquello que tenga la más mínima partícula de material conductor. Está diseñado para que nada ni nadie se acerque a él si no quiere.-Dijo Petrov mientras chasqueaba los dedos.-Vamos, vuelve con papá.
El tanque se deslizó hasta el maletín y se volvió de nuevo una esfera perfecta, mientras yo lo contemplaba, como un niño contempla el juguete que quiere que le regalen por Navidad. Sin embargo había algo que me desconcertaba. El sistema de optimización de energía, que redistribuía la energía a donde hiciera falta…pensé en la pulsera, que se había alisado para que yo me pudiera poner el frac. El que la creó…y aquella nota que habíamos encontrado…aún no confiaba en ello.
-Eh, chicos.-Dijo Sergei.-Kiev está aún a unos cuántos kilómetros. Podéis dormir si queréis, ya os aviso cuando lleguemos.
-Creí que eras más insensato, ario.-Dijo Tony.-Pero creo que te haré caso.
Todos más o menos hicieron lo que Tony y se echaron en los cómodos sofás del vehículo. Sin embargo yo no podía dormir, el cacharro de mi muñeca y el Bioáxel me tenían muy preocupados…¿Y si descubrían que lo llevaba encima? Me remangué y vi que la pulsera había cambiado de brazo sin que yo me hubiera dado cuenta, de modo que ahora estaba en el izquierdo. Si aquella cosa sacaba la energía de algo que tuviese dentro, tendría que ser un líquido o algo parecido…que se adaptase a la forma, vamos.
Estuve contemplando el paisaje durante un rato. Aquí la Tierra Negra no hacía ni mucho menos honor a su nombre. En algunas ocasiones me pareció ver en medio de la ventisca, algún animal o ser vivo moviéndose, pero no le dí demasiada importancia. Al cabo de un rato, me asaltó el sueño y caí rendido.
-Hey…¡Frank!¡Despierta, vago!
Era Emma, que me despertaba en voz baja.
-Nos estamos acercando a Kiev, y hay que activar la invisibilidad. Me han dicho que te diga que es importante que te muevas lo menos posible. Si no, podría fallar.-Dijo Emma.
-Vale…pero…¿Por qué no nos pueden ver…?-Dije, aún adormilado.
-No lo sé, tú limítate a quedarte quieto.
Sentía como nos movíamos lentamente, y todo el mundo estaba expectante y en tensión. Pasó un rato así cuando de repente nos detuvimos en seco.
-¿Qué pasa, camarada?-Dijo Petrov.
-Nos han visto.-Respondió Sergei, impasible.
A todos se nos heló la sangre.
-¡Era broma, idiota!-dijo Sergei-Ya estamos dentro.
Bajamos del vehículo. Estábamos en un callejón, entre paredes de lo que parecía una piedra azulada y metálica. Me di cuenta de que parecíamos una panda de locos: Yo vestido de frac, Emma con su vestido rojo, Joahn de traje y Tony como un mayordomo. Y para colmo esos dos rusos con pinta de científicos locos y ropas gruesas y desprendiendo un fuerte olor a alcohol.
-Y…¿ahora qué?-Pregunté, curioso.
-Debemos hablar con el líder rebelde. Para ello habrá que colarse en su Centro de Reuniones; si se lo pedimos por las buenas no nos dejarán pasar.-Dijo Petrov
-Además, no llevamos el sello, así que si nos paran por parecer sospechosos, probablemente nos ejecuten.-Aclaró Sergei.
Yo seguía fascinado con el color metálico-azulado de la ciudad. Imaginé que desde el cielo se vería como un zafiro, si no estuviera tan nevada.
-Podríamos hacernos invisibles, pero tendríamos que desnudarnos, y no creo que sea manera de presentarse ante un líder…-Dijo Petrov.-Pero se me ocurre una idea…
Realmente la idea no era mala, pero no me acababa de convencer aquello.
-¡Eh, camaradas!-Gritó Petrov a los guardias de la sede.-¡Abrid paso!¡traemos a unos tipos que andaban merodeando…¡El jefe decidirá su destino!
Sergei nos llevaba atados y amagaba de vez en cuando un golpe.
-Vaya, vaya…parecen adinerados, estos cerdos-Dijo uno de los guardias.
-Deben estar podridos, sin duda-Dijo Petrov.-Y ahora, camaradas, ¿Nos dejáis pasar? Llevo prisa.
-Oh, no te preocupes, nosotros personalmente los llevaremos ante Gros.-Dijo el de la izquierda.
Oh no. Aquello iba mal.
-No importa, camarada, ya me encargo…-Intentó disimular Petrov.
-Déjalo, nosotros nos encargamos. Vete, vamos.-Dijo el guarida más a la derecha.
-Pero…-Petrov ya no sabía qué decir.
Entonces vi en la cara de Sergei un destello de locura.
-No…yo quiero verlos…quiero verlos sufrir…¡Morir a manos de nuestro comandante!-Dijo con una voz que casi me hizo estremecer, a pesar de saber de la farsa.
Los guardias se sorprendieron, sin saber bien qué hacer.
-De acuerdo, pero os acompañaremos…y tú…el que lleva los rehenes…tranquilo.-Dijo el guardia izquierdo.
Avanzamos por un pasillo bastante amplio del mismo azul que el exterior. A los lados había puertas rotas o cerradas, y de algunas salían algunos gemidos débiles. Yo procuré meterme en mi papel y seguí caminando cabizbajo.
Llegamos a una antesala no muy grande con una doble puerta metálica. Los guardias llamaron y se escuchó un golpe. Entonces abrieron cada uno uno de los lados de la puerta, revelando una especie de despacho, o más bien, sala de operaciones. De pie, un individuo sostenía algo con una mano. Era…aquello era, sin duda un pedazo de Bioáxel. Enseguida se lo guardó en el peto de la chaqueta.
-¡Pardiez, subordinados!¿Por qué se me interrumnpe mientras estoy inmerso en mis cavilaciones?-Gritó el hombre.
-Co-comandante, he aquí unos…hombres que dicen traerle…-Empezó uno de los guardias.
-¡Esfumaos de mi rango de visión, si no queréis de mi arma un tiro en vuestro cráneo!-Volvió a gritar el hombre.
-S-s-sí, comandante Gros.
Ambos guardias se fueron corriendo y cerraron las puertas tras de sí.
-Perdonad mi rudeza, apuesto a que esos retrógados que tengo por guardia personal no les hayan importunado lo más mínimo…¿Qué queréis, compatriotas?-Dijo Gros.
-Señor, en realidad, estos presos que se supone que le traíamos…son amigos, comandante.-Dijo Petrov.-Y los que les escoltamos somos científicos…con ayuda que puede interesarle.
Hubo un silencio incómodo y largo. Se oía la ventisca silbar afuera, entre las calles, como tocando una gigantesca armónica.
-¿Estáis diciendo que no sois miembros de la Resistencia?-Dijo Gros con voz calmada.
-No señor, pero la apoyamos.-Dijo Sergei.-¡Permítanos ayudarle para poder derrotar a los amarillos!
Gros sacó su arma. Era un revólver verdaderamente precioso, con detalles en hierro, y pintado del azul cobalto que impregnaba aquel lugar.
-Podría mataros ahora mismo. Debería hacerlo. Si me dais una razón para que detenga mi dedo al apretar el gatillo, viviréis, de lo contrario, atravesaré vuestros pechos hasta que la última gota de sangre se halle fuera de vuestras venas.
Era la oportunidad. Más vale que le convenciera la idea.
Sergei nos liberó y Petrov tomó el maletín que llevaba Tony, que contenía el prototipo.
-Es el diseño de un arma, Gros. Se trata de un tanque, pero que no precisa de conductor alguno y se maneja mediante sencillas órdenes por voz. Quiero que compruebe su poder destructivo.-Dijo Petrov.
El ruso repitió el procedimiento que había hecho en el coche, y esta vez apuntó a una planta en la esquina de la habitación. El vegetal y la maceta no tardaron apenas en convertirse en una esfera superdensa. Gros miraba con ojos como platos a la bola, que iba rodando hacia nosotros lentamente.
-El efecto dura media hora pero…-Dijo Petrov.
-¡Es magnífico!-exclamó el comandante.
-Ehm…sí, eso.-Acabó Petrov.
-No sé de dónde han salido, amigos. Pero sepan vuesas mercedes que si han venido para traernos este invento, son bien recibidos por mí y por mi gente.-Dijo Gros.-Realmente debéis haber sido enviados por el destino; gracias a vuestra ayuda podremos hacerles frente a esos…permítanme el vulgarismo…cabrones amarillos.
-Es un placer ser de ayuda, señor.-Dijeron Petrov y Sergei a la par.
Bien, lo habíamos conseguido. Gracias a Dios, no me hubiera gustado ser pasto de gusanos…de todos modos seguía pensando en el fragmento de Bioáxel de aquel tío. Preferí callarme para evitar cualquier problema. Si aquel tío tenía Bioáxel, no importaba si era de los buenos o los malos o de los del medio, buscaría más.
Petrov y Sergei se quedaron hablando con Gros sobre el AV47-T, mientras que nosotros éramos destinados a una casa en la que pasaríamos la noche antes de salir a la mañana siguiente hacia Dishzya. Ya era bastante tarde-el viaje nos había llevado varias horas-pero aún demasiado pronto para irse a dormir. Emma y yo dimos un paseo por la ciudad observando a la gente y en general, cómo se las apañaban. Eran bastante pobres, pero parecía que el comandante qse encargaba de que cada uno tuviese su techo, su comida diaria y una cama, o un amago de cama. Joahn y Tony se quedaron en el piso que se nos asignó, jugando a las cartas con Sherry, que, por lo visto, era todo un prodigio.
-Emma, ¿Qué piensas de todo esto?-Le pregunté en el camino de vuelta al piso.
-¿”Todo esto”?.-Preguntó en respuesta.
-Sí. Escapar, jugarte el pellejo, y todo eso. Sólo porque yo haya robado algo que ni siquiera sé para qué sirve.-Dije yo.
-Frank, te quiero. Iré a donde tú vayas, no importa el peligro. y eso es lo único que me importa.-Respondió.-Aunque algún día tendrás que contarme por qué lo hiciste.
No dijimos más, tan sólo volvimos a casa en silencio y arropados por la nieve.
En casa, Joahn estaba despierto, tocando su flauta, mientras Tony y Sherry dormían.
-¿Deberías dejarles dormir, no crees?-Sugerí.
-No importa, es imposible que se despierten si toco en esta frecuencia.-Dijo él.
No entendí bien eso pero no quise preguntar.
-En fin, sólo espero que no me despiertes. Buenas noches Joahn.-Dije mientras me metía en la rudimentaria cama.-Buenas noches Emma.
-Buenas noches cielo…mañana será otro largo día.-Respondió, antes de cerrar los ojos.
Ciertamente…¿Por qué había empezado todo aquello? Realmente había una razón. Una razón que muchos considerarían estúpida. Pero una razón que para mí significaba más que unas simples palabras de promesa.